Relato XVIII - El circo de las bestias
(Imagen generada por IA, LeonardoIA)
El circo de las bestias
No hacía más de unos pocos minutos en que los guardias lo habían dejado en aquella fría caja de zapatos. Era una sala de interrogatorio demasiado siniestro y desolado, donde las sombras se retorcían como entidades vivientes en las esquinas. El aire gélido se colaba por las rendijas de las ventanas, convirtiendo cada respiración en una exhalación de pavor. No había sitio para la esperanza en aquel recinto, solo la inquietante sensación de que algo maligno acechaba en las sombras. Las paredes, cubiertas de un desgastado revoque, parecían guardar secretos oscuros que se negaban a ser revelados. Cada imperfección en la pintura parecía una marca de tortura, un recordatorio sombrío de los horrores que se habían presenciado en aquel inhóspito lugar. Las luces tenues y parpadeantes, suspendidas del techo, proyectaban sombras distorsionadas sobre su rostro tenso, confundiendo la realidad y alimentando la paranoia.
La mesa central, cubierta por una capa de polvo y manchas desconocidas, era el epicentro de la opresión y el miedo. Las esposas de hierro oxidado descansaban sobre su superficie, esperando ser utilizadas para aprisionar las muñecas de aquellos cuyos secretos serían extraídos a través de dolorosos interrogatorios. Las sillas de madera carcomida crujían bajo el peso de la tensión, como si suplicaran clemencia en medio de la desesperación.
El espejo unidireccional, oculto en una pared, reflejaba la imagen distorsionada de su flacucho cuerpo, observado desde el otro lado por ojo maligno que todo lo veía. Una ventana hacia la maldad que yacía en el corazón de aquellos que buscaban la verdad a cualquier precio. A través de ese vidrio manchado, las miradas inquisitivas parecían surgir desde el abismo, transmitiendo una sensación de inquietante inhumanidad.
El sonido de la lluvia, golpeando contra los cristales con una cadencia monótona y persistente, se filtraba a través de las grietas, añadiendo un componente macabro a la escena. Era como si el cielo mismo llorara por las almas atrapadas en aquel infierno terrenal, por los secretos que se desentrañaban y las vidas destrozadas en pos de una verdad que tal vez nunca debería haberse desvelado.
En esa sala de interrogatorio, el tiempo parecía detenerse, y la esperanza se desvanecía en cada suspiro agónico. La oscuridad abrazaba los corazones y las mentes, convirtiéndolos en instrumentos de su propia destrucción. Era un lugar donde los sueños se desmoronaban y los miedos más profundos se hacían realidad. Solo aquellos dispuestos a enfrentar el horror más profundo se aventurarían en esa sala, y aquellos que emergieran, lo harían marcados para siempre por las cicatrices invisibles que solo ellos podían ver.
Eric estaba dispuesto a todo, había molestado todo un año a su redactor en jefe para que le dejara hacer una nota periodística sobre aquel sujeto proveniente del mismo infierno. Al principio, el mismo pensó que esto podría ser peligroso de alguna forma, quizás podría incentivar a algún otro idiota con los mismos escrúpulos, ha cometer las mismas barbaridades. Nadie en los últimos años, desde que lo habían arrestado por fin, se había animado a hacer lo que Eric estaba por hacer. A entrevistar al mismo diablo en persona.
Lo cual a muchos le parecía una estupidez, él lo veía como un premio pulitzer a la vuelta de la esquina. Esperaba al menos dejar de hacer artículos periodísticos simples, ya estaba cansado de tener que escribir sobre la maldita farándula de aquella ciudad. A nadie le importaba con cuantos se había acostado la actriz del momento, ni a él ni a nadie y hablar de política le era aún más indiferente. Llevaba 6 años haciendo las mismas cosas y esto debería al menos impulsar su carrera un poco, quién sabe hasta adonde.
Sentía que era un excelente lugar para filmar una película de terror, miraba a su alrededor sintiendo cómo el frío se filtraba a través de su piel y se adentraba en lo más profundo de su ser. La atmósfera opresiva parecía alimentar su determinación mientras esperaba la llegada de aquel ser diabólico.
La puerta se abrió lentamente, dejando entrar una sombra enigmática que parecía absorber toda la luz a su paso. El hombre que entró era uno de los agentes carcelarios.
- En 5 minutos estará listo para usted. - murmuró el oficial de celdas, forzando una leve sonrisa.- A quien abra sobornado en el ayuntamiento para que le dejen entrevistar al animal Whtson.
- Moví muchas de mis influencias, digamos que alguien me debía un gran favor.- sonrió al responder.
Y ese alguien era el mismísimo intendente, el caso es que, uno de sus trabajos en el ámbito de la farándula fue infiltrarse en algunas fiestas privadas de alta calaña. Y en una de ellas logro tomar una fotografía del mismo intendente, con una exuberante jovencita que evidentemente no era su esposa. Eric creía que para que uno triunfe en la vida debía de cavar la tumba de cuantos pudiese, así que lo uso como soborno, amenazándolo de publicar todo si no le conseguía una entrevista con el animal Whtson.
Eric se encontraba en un punto muerto en su carrera periodística. Las historias superficiales y vacías que había estado escribiendo durante años no hacían más que ahogar su creatividad y hambre de verdadero periodismo. Había llegado el momento de buscar algo más, algo que desafiara los límites de su propia existencia. El sujeto proveniente del infierno se había convertido en su obsesión, una atracción oscura que lo impulsaba a ir más allá de lo convencional. A pesar de los riesgos y las advertencias que resonaban en su cabeza, Eric estaba dispuesto a enfrentar al diablo en persona, como un hombre que busca la redención en medio de la oscuridad.
No le importaba si su intento de entrevistar al ser más vil y malévolo del universo podría incitar a otros a seguir el mismo camino retorcido. Eric creía firmemente que la verdadera historia radicaba en desenterrar los secretos más oscuros y desgarradores de la humanidad. Solo así podría marcar una diferencia, sacudiendo las conciencias y revelando las verdades incómodas que se escondían detrás de las fachadas de lo cotidiano.
En todo este tiempo, sin lograr nada con su vida, le había sumido en una depresión, no le encontraba un sentido a lo que estaba haciendo. Sentía que su alma se marchitaba en cada línea que escribía. Anhelaba el desafío, la adrenalina de adentrarse en lo desconocido y emergiendo con historias que cambiarían el curso de la humanidad, o quizás solamente le sacara de su miseria. Era su oportunidad para romper las cadenas de la mediocridad y abrazar su destino como un narrador de pesadillas y portador de verdades prohibidas. Aunque el precio fuera su cordura o incluso su propia alma, Eric estaba dispuesto a pagar el costo. Estaba decidido a dejar su huella en el mundo y a trascender más allá de los límites establecidos por la sociedad.
Al cabo de los minutos comenzó a oír como los presos que estaban en las celdas aledañas a la sala de interrogatorio, comenzaron alterarse con una gran presencia. El bullicio fue importante, por lo visto el que venía en camino imponía alguna clase de respeto a los demás, o tal vez una clase de horror que nadie le gustaría tener en frente. Los pasos de los guardias comenzaron a amontonarse en un tropero de golpes contra el frío mármol gris, junto con ese sujeto al parecer venía casi un ejército de hombres custodiándolo de cerca. No sabía exactamente en qué problema se había metido, Eric comenzó a titubear de si esto era lo correcto al final. Una cosa era ver las imágenes por televisión y otra muy diferente era tenerlo cara a cara. Lo cierto, es que esto no era para cualquiera que se dedicara a escribir notas en el diario matutino, sino un trabajo para un verdadero periodista con huevos bien puestos.
La situación ameritaba en huir lo más rápido posible, Eric oscila en aquella silla como si estuviera en medio de un sismo de 5.3 en la escala de Richter. Le temblaba todos los huesos, digno de una verdadera hipotermia en pleno verano. Era un poco cobarde para estas cosas, pero quién no lo sería con tal espécimen de persona en frente.
Sintió que la puerta se habría de golpe y entraban varios agentes vistiendo una armadura de cuerpo completo para disturbios. Esto hizo que Eric se sobresaltara, impresionaba la seguridad que se disponía para una simple entrevista. Uno de esos agentes le hablo estrechándole la mano.
- Disculpe la demora, ¿Señor? - expreso el agente.
- Eric, Eric Davis, periodista de la “La Gaceta News”.
- “La Gaceta News”, nunca había oído hablar de ustedes. - enunció mientras observaba al periodista de arriba hacia abajo.
- Si, no nos dedicamos mucho en estos temas, somos más de la farándula y la política. - contesto con una falsa mueca en el rostro. - Estamos intentando contar historias a los cuales nuestros lectores les gustase oír.
- Ah entiendo, pues que extraña historia van a contarle hoy aquí. Espero que traiga calzones de repuesto porque cuando escuche a este sujeto, se va a orinar en sima. - expreso en un tono burlesco. - Vamos, que entre el animal. Terminemos con esto de una vez.
En ese momento Eric vio que se le venía una tormenta o quizás un huracán encima. El sujeto, cuando paso por el portal metalizado tuvo que agacharse, media más de dos metros, era una presencia aterradora en aquel espacio confinado. Tenía la perturbadora seguridad que podía partir al medio cualquier persona de aquel recinto con sus propias manos, claro si lo dejase solo y sin esposas. Su semblante regordete le otorgaba una presencia intimidante que se imponía en cualquier habitación en la que se encontraba. Sus hombros anchos y su porte erguido denotaban una fortaleza física que contrastaba con la oscuridad de su ser.
Su rostro, de rasgos angulosos y mirada penetrante, parecía tallado por manos infernales. Los ojos, profundos y fríos, eran como pozos sin fondo que revelaban una mente calculadora y retorcida. Su ceño fruncido, siempre enmarcado por una densa y desaliñada cabellera castaña, añadía un toque adicional de amenaza a su apariencia.
La mandíbula cuadrada y pronunciada de este animal, combinada con una barba bien recortada, le confería una expresión que oscilaba entre la serenidad y la inquietud. Era como si su rostro fuera una máscara cuidadosamente diseñada para ocultar los horrores que habitaban en su interior, pero que a su vez dejaba entrever pequeñas grietas de su verdadero ser. Levaba unos peculiares anteojos de armazón negra que daba a entender que era un sujeto cuidadoso, tenía defectos y debilidades que muy pronto Eric entendería de la peor forma.
Entro al espacio confinado, arrastrando unas gruesas cadenas, como un alma penitente, llevaba esposas en pies y manos que le provocaban un paso aletargado. Uno de los guardias le acerco la silla para que se sentara, cada movimiento que hacía era sumamente observado por todo su alrededor, era constantemente controlado por un mar de ojos nerviosos que intentaban predecir sus lentos movimientos.
- Gracias - vocifero la bestia gigante con un tono amable que sorprendió a todos.
El agente solo movió su cabeza en señal de aprobación y se alejó al otro extremo de la habitación. A donde Eric moviera su cabeza, existía un rostro no tan amigable para recibirlo de parte de alguno de los agentes que lo acompañaban..
Eric sacó una carpeta color caqui, que deposito lentamente en la mesa, seguido de un par de miradas al unísono. Era donde el día anterior había anotado todas las preguntas que iba a hacer, previamente revisados por la guardia, además de documentos de los asesinatos cometidos por la bestia. En ese rincón del universo, nada que no fuese previamente comprobado podía entrar o salir. Se encontraba en uno de los recintos más seguros del planeta, donde las peores lacras que alguna vez caminaron por las mismas calles que Eric, se encontraban cumpliendo cadenas perpetuas hasta el fin de los tiempos.
Pero estar en frente al famoso animal Whtson convertía todo eso en una simple probabilidad de salir intacto o no. Lo cierto es que se había metido en la boca de tormenta sin saber con exactitud si podría salir con vida. Le temblaban las manos más de lo normal.
De la bolsa también saco una grabadora digital poniéndola al costado de la carpeta.
- Hola me presento, soy Eric Dav…
- ¿Sabes que día es hoy? - mencionó sonriendo Whtson.
- ¿Que?
- ¿Si sabes que día es hoy? - reiterándole la misma pregunta ya con un tono más serio.
- Martes - respondió Eric.
- No. El número.
- 28
- Si, 28 - dijo mientras se inclinaba para mirar la puerta de la habitación. - Exactamente hoy, hace 5 años que estoy en este agujero.
- No lo sabía. - enunció mirando tímidamente hacia la carpeta.
- ¿Tu eres el periodista, verdad?
- Si, Eric, de “La Gaceta News”.
- Oh si lo recuerdo. - manifestó esbozando de nuevo la sonrisa macabra. - ¿No era una revista de chimentos?
- No.- titubeo - No, bueno, algo así. Damos noticias de la farándula.
- ¿Y qué buscan conmigo? Es decir, no tengo muchos admiradores, sabes. No soy un sujeto muy popular, en el buen sentido. - anunció con su horrible sonrisa.
- Si, cambiar de ambiente. Ahora contamos buenas historias intentando llegar a otro público.
- Bien, de acuerdo. Tal vez a alguien le interese saber del animal Whtson.- sostuvo mientras apoyaba las manos sobre la mesa.- ¿Es así como me llaman sierto? Ahí afuera.
- Si lo es.
- JAJAJA sabes nunca me gusto ese nombre.
- Es solo un nombre, no te preocupes.
- Si, pero fueron los perros de la prensa quienes lo hicieron.
- Ssssiii.
- Pero tú me caes bien. Vamos. ¿Qué quieres saber de mí?
Erico abrió la carpeta y saco una de las hojas.
- ¿No te importa si grabo la entrevista verdad? - verbalizó a la vez que llevaba la mana hacia la grabadora.
Lo miro seriamente por unos minutos intentando saber cuáles eran las verdaderas intenciones de aquel periodista. No parecía tener el interés de verdad en lo que Tomas Whtson pensaba, sino otro de esos sujetos que querían lucrar con su historia.
-Vamos. No pienso irme a ningún lugar.
- Bien. - expuso mientras ponía en marcha la grabación. - ¿Podías decirme con quién me encuentro hoy?
Pasaron un par de segundos hasta qué…
- Tomas “tommy” Whtson. - dijo con el semblante completamente serio. - O como los perros rastreros de la prensa les gusta llamarme. El “animal” Whtson. jajajaja
Rápidamente Eric apago la grabación.
- Vamos amigo. Colabora.
- OK, ok. Lo siento. Lo tenía que hacer, era gracioso.
- Bien, vamos de nuevo. - manifestó mientras volvía a poner en marcha la grabación. - ¿Cuál fue el primer indicio de que tenías una oscuridad dentro de ti? ¿Cómo lo descubriste?.
- Pues bueno, que te diría. Mmmmm… - respondió intentando rememorar donde todo había comenzado. - Tal vez cuando la desgraciada de mi alcohólica madre me trancaba en el sótano de la casa, por miedo a que le hiciera algo a mi hermana. Sabes para un niño de 10 años, que no aparenta tener esa edad, le era difícil lidiar con una familia de desgraciados enfermos. O quizás cuando los idiotas del colegio me daban palizas todos los días. Por ser como era. Que te llamen de gigante, pie grande o dinosaurio, no eran los problemas. Los problemas venían cuando te daban una golpiza día tras otro por ser distinto a los demás.
- ¿Pero tú seguramente eras más grande que los demás? ¿No podías defenderte de ellos?.
- No era que fuese un niño muy inteligente, era muy tímido.
- Si lo entiendo.
- Y dime. ¿Cómo eras tú de niño?
- Sabes, esta entrevista va de ti.- titubeo unos segundos. - Era un flacucho débil al que también golpeaban.
- Si, parece que tenemos algunas cosas en común. JAJAJA
- ¿Si? Pues no lo creo.
- ¿Qué dices? - preguntó frunciendo las cejas.
- Nada, nada. Sigamos.
- Bien, no me engañes chico listo.
- Sigamos con la entrevista, por favor.- Eric volvió a ojear su carpeta. - ¿Cuál fue tu primer asesinato y qué sentiste al cometerlo?.
- Mmmmm. no lo se. Déjame pensar.
- ¿Que?
- Ah, si ya recuerdo. - dijo mientras volvía en sí. - Fue en la secundaria, debía de tener unos 16 años, supongo. Sabes las chicas en la secundaria eran de lo más crueles conmigo.
- Si, ni que lo digas.
- Si, lo digo. - confesó mientras ojeaba de lejos la carpeta de Eric. - Una maldita perra aposto con su grupito de retrasados, que podían echarme una broma de mal gusto. Así que en la fiesta de fin de curso una chica me invito a bailar. Nunca me había pasado, que una chica se fijara en mí. Me sentía tan, tan extraño sabes. No sabía qué hacer.
Pero algunos de los chicos que estaban en vuelta me animaron a hacerlo… Y pues acepte.
- ¿Y qué paso? - pregunto Eric sabiendo su desenlace.
- Ella… Esa maldita puta… Y… y su grupo de… De idiotas me tiraron un balde de pintura negra.- verbalizo con un tono ya más enojado. - Pero lo peor vino de toda la escuela, compañeros y profesores. Se reían de mí…
- ¿Y qué hiciste sobre eso?
- jajaja Sabes, dicen que la venganza envenena… O algo así, no recuerdo la frase correcta. Pero esa vez lo disfruté. Lo disfruté mucho. Pase días pensando en que hacer y llegue a la conclusión que no iba a dejar más que me humillaran. La seguí mientras volvía de la casa de su novio… O quién sabe quién fuese el que se estuviera acostando esa semana. La alcance, cercano a una obra en construcción o algo así. No lo sé, no me acuerdo bien. Pero si me acuerdo lo que me dijo.
- ¿Qué fue lo que te dijo? - preguntó Eric.
- ¿Qué haces tu aquí pie grande?... Grito la perra - respondió - Eso me enfureció más aún, le golpeé con un pedazo de hierro que había tomado del lugar. Una y otra vez. Sentía que me hervía la sangre, pero también sentía un placer enorme. Era… Era excitante ver a esa puta con el cráneo destrozado. Pero no podía parar, sentía que debía seguir hasta que las voces pararan.
- ¿Las voces? - pregunto intrigado.
- Si las voces. - murmuró mirando a Eric directo a los ojos. - Las voces de esos malditos burlándose de mí, llamándome de pie grande, o dinosaurio, o gigantón, o lo que fuese que utilizaban para reírse de mí.
- ¿Qué más ocurrió? - enunció Eric interesado en saber más de su historia.
- Cuando las voces se fueron. Y me di cuenta de lo que había hecho, corrí. Corrí lo más rápido que pude.
- Le dijiste a la policía que ese fu tu primer asesinato. ¿Verdad? - dijo mientras revisaba de nuevo su carpeta.
- Si… Les dije a esos perros inútiles que todo había comenzado ahí.
- Si el asesinato de Linda Robert. ¿Cierto?.
- Si
- Ese crimen nunca se había resuelto hasta la época, ¿verdad?
- Si, los idiotas pasaron meses investigando sin llegar a nada. Y al final arrestaron a un pobre vagabundo que no tenía nada que ver. Cediendo a la presión de la gente para resolver el crimen. - expresó mientras sonreía.
- Cierto, aun recuerdo lo ocurrido. - mencionó Eric a la vez que comprobaba algunos papeles. - ¿Luego no hiciste nada más?¿Volviste como si nada?
- Si, fue hermoso ver a toda esa caterva de idiotas llorar por la muerte de la pequeña prostituta de la escuela. - vociferó mientras sonreía. - Lo disfruté cada maldito segundo de mi existencia. Sabes, creo que fue eso que me llevo a seguir haciéndolo. No lo sé, tal vez, rememorar una y otra vez aquella sensación de excitación.
- Pero tus próximas víctimas no volvieron repetir lo mismo que te hizo ella.
- Si lo se, quizás fui cambian a lo largo del tiempo. ¿Qué uno no puede cambiar sus gustos un poco?
- No lo sé, tú dime. - respondió Eric.
- Si, tengo que admitir que me atrajo otro tipo de cosas con los años. Quizás fue mi interés por el arte. - Sostuvo pensativo - Desde pequeño me llamo la atención esas basuras. Solía traerme a casa revistas de arte que robaba de la biblioteca escolar y mientras el novio ebrio de mi madre me golpeaba una y otra vez. Intentaba imaginar todos aquellos hermosos paisajes, todos aquellos hermosos lugares. Tan cálidos, tan coloridas. Me hacía olvidar el dolor que sentía.
- Te entiendo.
- Si supongo que entiendes si pequeño amigo. - enunció volviendo la mirada a Eric. - ¿Te molesta si te llamo de amigo?
-No, para nada. Supongo que podemos ser amigos. - proclamó con dificultad, pero en el fondo sabía que nunca podría ser amigo de aquella bestia inhumana.
No podría darse el lujo de sentir alguna clase de afecto a alguien que había cometido tantas atrocidades. Era una locura estar en la situación en la que Eric se encontraba, esto de entrevista a este personaje era una locura. No se sentía nada seguro, aunque tuviera a su alrededor un ejército entero de hombres fuertemente armados. Nadie en su sano juicio estaría ahí, pero Eric necesitaba ese maldito artículo. Para alguien en su posición todo lo valía, era suficiente con transcribir un par de minutos grabados y estaría listo para mandarlo al diario. Era oro en bruto que debía de dar algunas cuantas pulidas y nada más.
Con anterioridad, varios periodistas intentaron de llegar al animal Whtson, pero nadie se animó a dar el siguiente paso en la cadena.
El lugar donde se encontraba Eric era como una cueva oscura y húmeda, un escenario típico de las pesadillas más retorcidas que nadie podría imaginar. El eco de sus propios pensamientos resonaba en su mente, y cada vez que miraba a los ojos de Whtson, sentía como si estuviera cayendo en un pozo sin fondo.
Whtson continuó hablando, su voz era suave pero cargada de una extraña energía. Sus ojos brillaban con un brillo perturbador mientras rememoraba su pasado.
- La sed de belleza, de escape, me llevó a buscar algo más que simples revistas de arte. Quería experimentar la libertad que esas imágenes me ofrecían. Cuando termine la secundaria, me fui del todo de aquella maldita casa. Quería ser alguien más, o eso pensaba yo. Me inscribí en una de esas facultades de arte, donde se juntan los drogadictos a hacer que pintan. Fueron 4 largos años de mi vida donde lo pase con notoria tranquilidad. Luego de eso conseguí un trabajo como curador de arte, así que comencé a recorrer el mundo, siguiendo las pistas de pintores famosos, visitando galerías y museos. Trabajando aquí y allá. Nada que me mantenga en un lugar fijo por mucho tiempo. Pero... algo faltaba. Las imágenes eran solo eso, imágenes. Yo quería más, quería hacerme parte de ellas.
Eric tragó saliva, su corazón latía con fuerza. No podía creer que estuviera escuchando aquello. Aquel monstruo quería "hacerse parte" de las pinturas, ¿qué significaba eso?
- ¿Pero tú al final volviste al sitio de donde habías crecido?
- Si. - respondió Whtson. - Uno de los que trabajaba habitualmente, tenía una exposición en la ciudad y definitivamente me necesitaba para vender sus obras. Así que volví a donde todo comenzó.
- ¿Fue entonces donde volvió tu sed por sangre?
- ¿Sed de sangre? - Tommy Whtson no contuvo la risa. - Vamos amigo, soy algo más sutil que eso.
- Bueno, dime como fue tu segunda víctima.
- Ya que lo mencionas. - respondió algo pensativo. - Ella fue un poco más especial que la primera. Se trataba de una de las ayudantes de una exposición de arte. Su nombre era Emily y tenía una belleza inquietante que dejaba a todos los hombres hipnotizados. Pero bajo esa apariencia encantadora, se escondía una oscuridad que solo yo podía percibir. Desde el momento en que la vi, supe que era diferente, una presa digna de mi arte.
Observé desde las sombras mientras ella organizaba las obras de arte en la galería. Su dedicación y pasión por el arte eran innegables, y me sentí atraído hacia su aura enigmática. No pude resistir la tentación de acercarme más a ella, de descubrir qué secretos ocultaba en su interior. Durante varios días, la seguí sigilosamente, estudiando cada uno de sus movimientos, esperando el momento adecuado para actuar. Finalmente, llegó la noche de la gran inauguración de la exposición. Las luces tenues y el ambiente sofisticado proporcionaron el escenario perfecto para mi próxima obra maestra. Me acerqué a Emily con una sonrisa encantadora, ocultando mi verdadera intención detrás de una fachada amigable. Nos sumergimos en una conversación aparentemente inocente, pero detrás de mis palabras había un poderoso encantamiento, una atracción que ella no podía resistir. Poco a poco, la seduje con mis palabras y mi presencia magnética. La vi caer bajo mi influencia, y su mirada sé volvió más y más vidriosa. Entonces, la invité a dar un paseo por los oscuros callejones detrás de la galería, lejos de las miradas curiosas.
- O sea que te atrajo.- interrumpió Eric mientras seguía ojeando su carpeta.
Sabía que en algún lado tenía el informe de ese dichoso asesinato, recordó que en el pasado siguió el caso atentamente.
- Si algo así.- interrumpio Watson.- lo cierto es que casi podía sentir el olor metálico de la sangre impregnado en el aire mientras caminábamos, y recuerdo que su corazón latía con fuerza. No pudo resistirse a mi carisma, y cuando llegamos a un rincón solitario, el destino se selló.
En ese exacto momento Tommy detuvo su historia y se puso a observar el pequeño ventanal que daba hacia afuera. A lo lejos se podía ver el patio de la cárcel y como llovía constantemente.
-¿Y que paso? - enunció Eric.
- Si perdón. - respondió volviendo su mirada hacia la mesa.- No fue un acto violento ni brutal. Me deleité en la exquisitez de cada instante, en la transición de la vida a la muerte, en el éxtasis de robar la esencia misma de una persona. Fue un acto de arte en sí mismo, una sinfonía de emociones y sentimientos entrelazados en un ballet macabro. Después de que terminó, la dejé reposar en el suelo frío y oscuro. Su belleza ahora era eterna, inmortalizada en el lienzo de mi mente. Cerré los ojos por un momento y me deleité en la satisfacción del arte que acababa de crear.
- Pero el cadáver no apareció hasta que la policía dio con tu paradero.
- Si me la lleve, pero eso es irrelevante. El arte ya estaba hecho.
-¿Podría contarme sobre el circo?.
- No se adelante, ya llegaremos a esa parte. - sonrió de una forma que le heló la sangre a Eric.- Sabe, usted es demasiado impaciente.
-Ok entiendo, dígame más.
-Fue entonces cuando me di cuenta de que no solo necesitaba ver la belleza, sino también crearla. Y qué mejor lienzo que la carne humana. Eso me brindó una nueva dimensión de placer, poder moldear a mis víctimas como si fueran obras de arte, expresando en sus cuerpos mi visión única del mundo. Cada asesinato era una manifestación de mi arte, una obra maestra, única e irrepetible.
Eric sintió un escalofrío recorriendo su espalda, pero se obligó a mantener la calma y seguir adelante con la entrevista.
-¿Y cómo decidías a quién convertir en tu “obra maestra”? - preguntó Eric, luchando por ocultar el miedo en su voz.
Whtson sonrió, pero era una sonrisa gélida y macabra.
-Oh, era una selección muy meticulosa. Cada víctima tenía algo especial, algo que los convertía en la perfecta adición a mi colección. Algunos tenían rasgos faciales únicos, otros una gracia especial en su caminar. Me aseguraba de estudiarlos bien antes de actuar. La elección de la víctima es parte crucial de mi arte, sabes, como seleccionar el color correcto para un cuadro.
Eric apretó los puños, tratando de mantener la compostura. No podía dejar que Whtson se diera cuenta del miedo que le causaba.
-Es un concepto... retorcido - murmuró Eric, buscando las palabras adecuadas. - ¿Alguna vez sentiste culpa por tus acciones? ¿Remordimiento?
Whtson se rió, un sonido desgarrador que resonó en el aire.
-¿Culpa? ¿Remordimiento? Esos son sentimientos débiles, cosas que solo atormentan a los débiles de mente. Yo soy libre, Eric, libre de todas esas ataduras morales que atan a la gente común. Soy un artista, y el arte no conoce barreras éticas.
El terror invadió a Eric, pero también la determinación de terminar con esta entrevista cuanto antes. Tenía lo que necesitaba, pero también comprendió que estaba jugando con fuego.
- ¿Pero no solo mujeres hacían parte de tu “repertorio” artística verdad? - enunció Eric mirándolo fijo a sus ojos.
- Exacto, como dije antes. Cada víctima tenía algo especial, algo que los convertía en la perfecta adición a mi colección. Y eso pasó con karl.
- ¿Karl?
- Si el pintor.
- Oh si recuerdo. ¿Encontraron parte de su cráneo verdad?
- Si, me gustaban las líneas subes de su rostro. Así que se lo arranque.
- ¿Podías contarme como paso?- preguntó Eric.
Tommy Whtson se tomó un momento para saborear el miedo que había desatado en su entrevistador. Podía verlo en sus ojos, en la tensión de su mandíbula, en cada gesto de incomodidad que intentaba disimular. El terror que había sembrado durante años era una obra maestra en sí misma, y ahora estaba cosechando los frutos de su macabra creación.
- Fue una noche oscura y tormentosa - comenzó a relatar Tommy con una sonrisa retorcida en sus labios. - Karl era un pintor talentoso pero frustrado, un alma atormentada por sus demonios internos. Lo conocí en una exposición de arte, en una ciudad cercana. Sus obras eran desgarradoras, mostraban el lado oscuro de la existencia, y eso captó mi atención de inmediato. Nos encontramos casualmente después del evento, y rápidamente entablamos una extraña amistad. Él veía en mí a un mentor, a alguien que podía comprender su arte y sus luchas internas. Pero, por supuesto, yo tenía mis propios planes para él. Un par de semanas después de conocernos, lo invité a mi estudio bajo la premisa de que quería ver más de su trabajo. Karl aceptó emocionado, pensando que era una gran oportunidad para su carrera. Pero lo que no sabía era que estaba a punto de convertirse en una parte crucial de mi colección. Una vez en mi estudio, lo hipnoticé con mi presencia y mi charla persuasiva. Poco a poco, lo conduje hacia una espiral descendente de desesperación y vulnerabilidad. Sabía que estaba en el lugar correcto, en el momento adecuado para ejecutar mi plan maestro.
Lo senté frente a un lienzo en blanco y le pedí que pintara su dolor más profundo, su miedo más oscuro. Le dije que esa sería su oportunidad de liberar su alma a través del arte. Y él cayó en mi trampa, como todos los demás. Karl pintó con una intensidad abrumadora, sus trazos eran frenéticos, llenos de una angustia desgarradora. Me deleité en su tormento, sabiendo que estaba a punto de crear una de las obras más singulares de mi colección. Cuando terminó, lo dejé descansar, creyendo que había logrado una catarsis artística. Pero yo no estaba satisfecho aún. La verdadera pieza maestra aún estaba por generarse. Con mano firme, tomé un objeto filoso y antes de que pudiera reaccionar, le arranqué una parte de su cráneo. La agonía y el terror en sus ojos eran indescriptibles, pero también lo era la belleza macabra de esa expresión. Lo dejé morir lentamente, sumido en un éxtasis que solo un verdadero artista podía comprender. Y así, Karl se convirtió en una parte eterna de mi colección, una pieza única e inigualable.
La determinación de Eric se estaba desvaneciendo bajo el peso de la horrorosa historia que acababa de escuchar. Pero Tommy Whtson no había terminado aún. Había abierto la puerta a lo más oscuro de su mente y ya no había vuelta atrás.
- Luego de eso encontraron el resto del cuerpo que curiosamente no hizo parte de tu “obra” en un descampado cerca del río.
- Le di un final digno de lo que era. - expuso mientras movía su cuello extrañamente.
Lo terrorífico de la situación era que Tommy Whtson parecía disfrutar cada momento macabro de su narración, saboreando el miedo y la angustia que su presencia desataba en su entrevistador. Eric se sentía atrapado en un juego siniestro del que no podía escapar.
Tommy se inclinó lentamente de su silla y se acercó un poco a donde estaba Eric, quien retrocedió instintivamente. El asesino sonrió, saboreando la mezcla de desesperación y fascinación que reflejaba el rostro del periodista.
-¿Sabes, Eric? Siempre he considerado que el arte debe evolucionar, reinventarse. Cada obra maestra debe superar a la anterior. - dijo Tommy.
- ¿Y así fue con el próximo asesinato?
- No lo veo de esa forma.
- ¿De qué forma dices? - murmuró intrigado.
- Asesinato. - respondió Whtson. - Yo lo veo más como creación. Como el inicio de algo que quedara plasmado en la historia. Pero claro, para lograr la perfección se deben de hacer algunos sacrificios.
- ¿Quitarle la vida a personas inocentes son sacrificios?
- Algo así, son meros mecanismos de piel, músculo y huesos, que esperan ser moldeados conformes la voluntad de unas manos hábiles.
El terror se apoderaba cada vez más de Eric mientras escuchaba las perturbadoras palabras de Tommy Whtson. Aquel asesino en serie veía sus crímenes no como actos atroces, sino como una suerte de creación artística macabra. Esa percepción retorcida del mundo lo convertía en un monstruo más allá de cualquier descripción.
Tommy se aproximó aún más a Eric, lo suficiente como para sentir el aliento frío del asesino rozando su rostro. Sus ojos brillaban con una luz perturbadora, como si cada víctima que había tomado formara parte de su ser.
- Tienes una mente enferma y retorcida, Tommy. No hay arte en lo que haces, solo hay dolor y sufrimiento para aquellos a quienes has arrebatado la vida - dijo Eric, intentando mantener la calma y la valentía.
- Oh, Eric, ¿acaso no ves la belleza en mis obras? - respondió Tommy con una expresión de locura. - Cada uno de mis actos es una expresión única de la existencia humana, un lienzo que refleja la complejidad de nuestras emociones más profundas.
Eric no pudo evitar un escalofrío al escucharlo, hablar con tanta pasión sobre sus atrocidades. Era como si estuviera conversando con un demente que justificaba sus crímenes con argumentos absurdos.
- Ya he dejado mi huella en este mundo, y nadie podrá borrarla. Mi legado perdurará en la eternidad. Y tú lo vas a hacer posible, cada persona en este maldito mundo va a conocer al animal Whtson, por sus obras claro.
-¿Crees que la gente va a entender tus delirios como algo bueno?- acervo Eric. - Eres solo un loco trancado en una celda por el resto de la vida.
- JAJAJAJA
-Eres solo un animal que está encadenado y esperando su momento para morir.
Tommy Whtson soltó una carcajada maníaca que resonó en la habitación como un eco oscuro. Su mirada se tornó aún más desquiciada, y parecía que la línea entre cordura y locura se desvanecía cada vez más.
-¡Oh, Eric! No entiendes nada, ¿verdad? - respondió Tommy, sus ojos brillando con una luz enfermiza. - Mi legado no será olvidado, será reverenciado por aquellos que puedan ver más allá de la superficie de la existencia. Mi arte trascenderá el tiempo y el espacio, y nadie podrá evitarlo.
Eric sintió que un frío intenso recorría su espalda mientras observaba la mirada desquiciada de Tommy. Aquel hombre había perdido por completo el sentido de la realidad, sumergido en su propia distorsión macabra del mundo.
-Tu legado será recordado, sí, pero como el de un asesino en serie, un monstruo que sembró el terror y la muerte - dijo Eric, tratando de mantenerse firme ante la mirada penetrante de Tommy. - Tu nombre será sinónimo de maldad y locura.
-¡JAJAJAJA! ¿Y qué más da eso? La historia está llena de monstruos, de seres que desafiaron la cordura y dejaron una huella imborrable en la humanidad - exclamó Tommy, como si su locura lo elevara por encima de los juicios terrenales. - Yo seré uno de esos nombres que serán recordados a lo largo de los siglos. Un legado inmortal.
Eric tragó saliva, sintiéndose impotente frente a la retorcida determinación de Tommy. Por primera vez, se dio cuenta de que el asesino no solo estaba obsesionado con el arte de la muerte, sino también con su propio lugar en la historia.
- Nunca te daré el reconocimiento que buscas - dijo Eric con voz firme. - Tu legado será uno de horror y repulsión. Serás recordado como un monstruo que sembró el caos y la destrucción.
-Tal vez no me rindas tributo ahora, pero llegará el día en que mi legado será comprendido y apreciado - murmuró Tommy con un brillo de locura en sus ojos.
- ¿El último cuerpo que encontraron antes de dar con tu macabro paradero fue el de un guardia de seguridad?
- Si, verás lo único que necesitaba de él, era su corazón. - verbalizo -
La confesión de Tommy Whtson envolvió a Eric en un escalofrío aún más profundo. El asesino había alcanzado niveles inimaginables de depravación y crueldad. Cada detalle que revelaba sobre sus crímenes parecía sacado de las páginas más oscuras de una novela de terror.
- Su corazón... ¿Para qué lo querías? - preguntó Eric, incapaz de comprender la retorcida mente de aquel monstruo.
- ¿Acaso no lo entiendes? - respondió Tommy con una sonrisa retorcida. - El corazón es el centro de las emociones humanas, el símbolo de la vida misma. Quería tenerlo para apreciar su belleza, su poder, su conexión con la esencia de la humanidad.
Eric se sintió abrumado por la locura de Tommy. Era como si el asesino hubiera cruzado una línea en la que la vida humana ya no tenía valor para él, sino que se había convertido en meros objetos para su macabra colección.
- Eres un monstruo. No hay justificación para tus acciones - dijo Eric con voz temblorosa, luchando por mantener la compostura.
- ¿Monstruo? ¿O artista incomprendido? - respondió Tommy con una risa inquietante. - Los grandes genios siempre son malinterpretados por las masas.
- ¿Y como sucedió todo?
- Pues digamos que estaba paseando - respondió con una sutil ironía. - Por las tardes siempre realizaba paseos, eran los momentos que necesitaba para organizar mis ideas. Hacía meses que no completaba mi colección. De algún modo no me sentía del todo inspirado para efectuar nada en ese momento exacto. Pero sabes, algo me recordó a mi primera vez, cuando le destrocé el clareo a aquella perra. Tal vez fue el lugar, no lo sé. Lo cierto es que pasaba por una construcción de bloques de apartamento y la inspiración vino de repente, sabes.
- No, no lo sé.
- Olvídalo. Vi aquel guardia de seguridad postrado en una garita. Y pensé, necesito algo que funcione como el motor de mi obra maestra. - dijo mientras se reía. - Y que mejor motor que el corazón tibio de un adulto formidable.
La revelación de Tommy sobre su búsqueda del "motor" para su próxima obra maestra dejó a Eric sin palabras. Aquel hombre había llevado su obsesión por el arte de la muerte a niveles insospechados y grotescos. Era como si su mente se hubiera sumergido en una espiral de locura de la que no podía escapar.
- No puedo creer lo que estás diciendo - murmuró Eric, sintiendo cómo el horror se apoderaba de él. - ¿Realmente piensas que la vida de otra persona es solo un medio para tu arte?
- No es solo una vida, Eric. Es una expresión de la existencia humana en toda su complejidad - respondió mientras posaba su mirada en algún punto lejano, como si estuviera viendo más allá de las paredes de la habitación. - Cada una de mis víctimas es un lienzo en blanco que yo completo con mi arte, mi visión única y singular del mundo.
Eric se estremeció ante las palabras de Tommy. Era como si estuviera enfrentando a un ser completamente desvinculado de la realidad, un monstruo cuyo único propósito era crear su obra maestra a costa de vidas inocentes.
- No hay arte en lo que haces, Tommy. Es solo un acto grotesco y depravado - afirmó Eric, tratando de hacerle entender la atrocidad de sus acciones. - Tu legado será el de un asesino sin piedad, alguien que ha sembrado el dolor y la devastación en la vida de muchas personas.
- No me importa lo que pienses o lo que piense el resto del mundo - replicó Tommy con frialdad. - Lo que está hecho, nadie lo puede cambiar. Ni tú ni nadie, sabes.
- No importa lo que digas, las tantas veces que intentes convencerme de lo que hiciste. Mis lectores lo entenderán de igual manera, no existe nada de normal en lo que hiciste.
- ¿Y crees que soy normal? - dijo Whtson. - Desde pequeño me han tratado como el bicho raro, un espécimen de circo. Algo salido de alguna historia bizarra, no lo sé. Pero solo sé que deje de ser normal cuando pise este maldito mundo y no voy a dejar de serlo hasta que me vaya, con mi muerte.
La confesión de Tommy Whtson solo dejó en claro que el asesino no tenía remordimientos por sus acciones. Para él, el dolor y la devastación que había causado eran solo un medio para su supuesta "obra maestra". Era como si estuviera orgulloso de su papel como ser despiadado y retorcido.
-No importa cómo te veas a ti mismo, Tommy - dijo Eric con voz firme.
-Oh, pero yo no busco la absolución de nadie, mucho menos la tuya - respondió Tommy con una sonrisa fría. - Sé lo que soy y lo que he hecho, y no me importa el juicio del mundo. Lo único que importa es mi arte inmortal.
- ¿Cuándo me hablarás del circo?
- Sí que eres insistente verdad.
- Si, soy de ir al grano cuando lo es necesario. Ya escuché suficiente de tus atrocidades. Quiero que me cuentes por qué un circo.
- Bien, ya que insistes pequeño amigo. - mencionó el gigante. - ¿Sabes cuál es el único recuerdo agradable que tengo de mi niñez?
- Tú dime. - respondió Eric.
- Mi padre, antes de fallecer y llevarse consigo la única poca humanidad que me restaba. Solía llevarme al circo del pueblo.
Tommy Whtson habló con un tono extraño mientras relataba aquel recuerdo de su infancia. Parecía que, por un momento, había dejado de lado su siniestra locura para compartir un fragmento de su pasado.
- Recuerdo cómo mi padre me tomaba de la mano y me llevaba al circo cada vez que visitábamos el pueblo - continuó Tommy con una mirada nostálgica en sus ojos, como si estuviera viajando en el tiempo. - Para un niño como yo, el circo era un lugar mágico, lleno de luces brillantes, actos sorprendentes y personajes extravagantes.
Eric escuchaba con atención, sorprendido de ver una faceta desconocida del asesino. Pero sabía que no debía dejarse llevar por la aparente humanidad de aquel recuerdo. El mal que Tommy había hecho a lo largo de su vida eclipsaba cualquier recuerdo agradable que pudiera tener.
- ¿Qué pasó entonces? - preguntó Eric, intrigado.
- Mi padre murió cuando tenía apenas diez años. Fue la única figura paterna que conocí, y su muerte me dejó solo en el mundo - respondió Tommy con una tristeza momentánea en su voz. - Sin su presencia, algo cambió en mí. Me volví distante, frío y sin empatía. Fue como si una parte de mi alma se hubiera extinguido con su partida.
- Lamento lo que pasó con tu padre, pero eso no justifica lo que has hecho - dijo Eric con firmeza. - Muchas personas han enfrentado pérdidas terribles en sus vidas y no han seguido tu camino de destrucción.
- Quizás tengas razón - admitió Tommy, su mirada perdida en sus propios pensamientos. - Pero desde entonces, siempre me sentí atraído por la idea de crear mi propio lugar mágico. Quería que el mundo viera lo que era capaz de hacer, que admirara mi arte inmortal.
Eric sintió un escalofrío al escuchar las palabras de Tommy. La conexión que el asesino establecía entre su infancia en el circo y su despiadada búsqueda de la inmortalidad a través de la muerte era inquietante.
- Eres como un payaso siniestro, Tommy. Tu circo es un escenario de pesadilla, y tus víctimas son las pobres almas atrapadas en tus retorcidas actuaciones - dijo Eric, intentando hacerle ver la oscuridad de sus acciones.
- Quizás así sea. - respondió Tommy con una sonrisa enigmática. - Pero cada artista tiene su propio escenario, y el mío es un teatro de terror y dolor. No busco la redención ni el perdón, solo la inmortalidad a través de mis obras.
- ¿Te atraparon en ese circo, verdad? - preguntó mientas volvía a revisar sus papeles. - El mismo circo que tu padre te llevaba de pequeño, el circo abandonado del al ciudad.
- Si exacto, quería que el mundo viera el final de mi obra. Y decidí llamar yo mismo a la policía. Había finalizado, por fin, el trabajo que me costó años de búsqueda de la perfección.
Eric miró con asombro a Tommy Whtson. Aquella revelación era impactante. Había algo inquietante en la forma en que el asesino hablaba sobre su trabajo final, como si se sintiera orgulloso de su propia maldad. El circo abandonado que había hecho parte de sus atrocidades ahora estaba siendo testigo de su confesión final.
- ¿Llamaste tú mismo a la policía? - repitió Eric, tratando de procesar la información. - ¿Por qué lo hiciste?
- Porque quería que el mundo viera todo lo que mis manos habían logrado hacer. Y la incompetente policía nunca llegaría hacia mí, sola. - respondió Tommy con una mirada de intensa satisfacción en sus ojos. - Sabía que había alcanzado la perfección, que mis obras finalmente serían apreciadas por su verdadera grandeza. Así que decidí que era hora de que el telón cayera sobre mi obra maestra.
Eric no podía entender completamente la mente retorcida de Tommy. Había llevado su obsesión por la inmortalidad a extremos impensables, y ahora, con su confesión y entrega a la policía, buscaba asegurar que su legado de horror perdurara en la historia. Sintió una mezcla de repugnancia y fascinación mientras seguía escuchando al asesino. Aquella mente retorcida había encontrado una forma de justificar su propia maldad, de convertirla en una supuesta “grandeza” que solo él podía apreciar.
- Según los informes policiales, aquello era el verdadero infierno. - expuso Eric mientras leía un artículo. - Pedazos de distintas personas formaban un enorme David similar al de Miguel Ángel. Que superaba a los dos metros de alto, pedazos de carne en putrefacción llenaban el ambiente de un hedor nauseabundo que aterrorizaban a los mismos peritos.
El artículo que Eric estaba leyendo sobre el escenario macabro en el circo abandonado dejó a su imaginación correr salvajemente. Las autoridades trabajaban sin descanso para tratar de reconstruir la verdad detrás del infame David de carne. Las pruebas forenses revelaron que los cuerpos pertenecían a diversas víctimas de Tommy Whtson, las mismas que había arrebatado cruelmente en su obsesión por crear su obra maestra. La noticia se propagó rápidamente, y la ciudad quedó sumida en una mezcla de miedo y repugnancia. La leyenda de Tommy Whtson adquirió un nuevo capítulo, uno más oscuro y retorcido que todo lo que se había conocido hasta entonces. La fama del asesino se expandió como un virus, alimentando el morbo y la fascinación de aquellos que se sentían atraídos por lo macabro y lo grotesco. Eric continuó siguiendo el caso, sintiendo la necesidad de contar la verdad detrás de la monstruosidad del circo abandonado. Hasta llegar al momento exacto que lo deparaba con la misma bestia autora de tales nefastos actos. La historia de Tommy Whtson quedó grabada en la memoria colectiva de la ciudad como un recordatorio de los abismos oscuros que podían acechar en la mente humana. Su búsqueda obsesiva de inmortalidad a través del horror y la destrucción dejó una marca indeleble en la historia, y su legado de terror perduró en los corazones de aquellos que habían sido afectados por sus acciones.
- Exacto, así fue como llegaron hacia mí. - respondió ya casi en un silencio absoluto que poco a poco iba dominando la habitación.
- Y ahora, Eric, te has convertido en testigo de mi arte - susurró Tommy, mientras los ojos del periodista se llenaban de pavor. - Eres parte de mi obra maestra, una historia que será contada y recordada por siempre. ¿Acaso no es eso lo que todos desean? La inmortalidad a través del terror y la fama.
Las palabras del animal comenzaron a transportarse por su mente como un eco en el infinito silencio, no lograba poner sus ideas en marcha en ese exacto momento. El hecho es que si seguía con publicar ese artículo le estaría dando voz a un nefasto ser que había acometido contra tantos inocentes, provocando lo peor que se pudiese imaginar. Esto no era arte, ni nada que se lo pareciese, esto era una barbaridad digna de alguien salido del mismísimo inframundo. Eric tenía el deber de sepultar para siempre esta historia, trancar todo en un abismo que no viera nunca la luz y que se mantuviera por toda la eternidad. Lo correcto era no publicar nada de esto, pero una lucha interna le decía que nada malo podía pasar. ¿Era necesario hacer esto? Es decir, seguir haciendo artículos sobre frivolidades de famosos o luchar para escalar a algo mejor por sobre todas las vidas que este mal haya tomado. Debía de tomar una decisión responsable
Eric se encontraba atrapado en un dilema moral y emocional. Por un lado, su deber como periodista era contar la verdad y exponer los hechos, pero, por otro lado, publicar la historia de Tommy Whtson significaría darle exactamente lo que él quería; inmortalidad a través del terror y la fama. Cada opción pesaba sobre sus hombros como una losa, y el silencio de la habitación solo aumentaba la tensión en su interior. Tommy, con su mirada fría y penetrante, sabía que había sembrado la semilla de la duda en la mente del periodista. Era un maestro manipulador y utilizaba esa habilidad retorcida para mantener a Eric en su juego siniestro. La oscuridad parecía envolverlos a ambos, y el aire se volvía cada vez más denso con la incertidumbre.
Eric sabía que había algo más en juego que su propia ambición periodística. Se trataba de la responsabilidad que tenía hacia la sociedad y hacia las víctimas de Tommy. No podía permitir que el legado de terror de este monstruo perdurara y que más personas se vieran atraídas por su retorcida historia.
Los recuerdos de las víctimas pasaron como flashes en su mente, y sintió cómo su coraje crecía. Aquellos inocentes merecían que su memoria no fuera mancillada por la fama morbosa que el asesino ansiaba. Se levantó de la silla con decisión, enfrentando a Tommy con valentía.
- No, no puedo permitir que tu legado de terror siga creciendo - declaró Eric con una determinación que sorprendió incluso a él mismo. - Tus acciones no merecen un espacio en la inmortalidad. Serás olvidado, y la verdad detrás de tus actos nunca verá la luz. No seré cómplice de tu macabro deseo de fama.
Tommy esbozó una sonrisa maliciosa, pero Eric pudo ver el desconcierto en sus ojos. No esperaba que alguien se le opusiera de esa manera, y eso lo hacía vulnerable. Sin embargo, no podía subestimar al asesino.
- Eric, ¿estás seguro de lo que haces? - susurró Tommy con una voz que parecía rasgar el aire.
Tomo la difícil decisión de irse del lugar y dejar a tras a toda esa amargura en la que Eric fuese testigo. A medida que dejaba la cárcel a tras y se adentraba de nuevo en la bulliciosa ciudad, le continuaba haciendo eco la desgarradora historia. Condujo todo el tramo pensativo, el silencio dentro del coche era ensordecedor mientras Eric recorría las calles de la ciudad. Las palabras de Tommy resonaban en su mente como una siniestra melodía, y la mirada maliciosa del asesino parecía seguirlo a cada paso que daba. Aunque había decidido no darle la fama que buscaba, sabía que no había escapado por completo de su influencia retorcida. A medida que dejaba atrás la cárcel y la oscura figura de Tommy, Eric se sentía cada vez más atrapado por los demonios de la historia que había presenciado. El peso de la responsabilidad y el horror lo abrumaban, y la necesidad de encontrar una manera de poner fin a todo aquello se apoderaba de él.
Regresó a su apartamento, pero la inquietud no lo dejaba en paz. Se sentó frente a su escritorio, mirando la pantalla en blanco de su computadora, sin saber por dónde empezar. Las teclas parecían resistirse a sus dedos, como si el miedo y la incertidumbre se hubieran materializado en el teclado. Pasaron las horas y nada, nada que fuese suficientemente bueno para comenzar a escribir se le ocurría, extrañamente la temperatura de su habitación comenzó a subir. La oscuridad silenciosa y fría de la noche lo mantenía aún pensante en todas la palabra que salieron de aquel nefasto ser.
El caso es que pasado las 3 de la mañana, no encontraba motivo para estar en aquella situación, espero y espero intentando escribir algo, pero nada.
Acompañado con la fría brisa de la madrugada, comenzó a sentir que no estaba tan solo como creía. Si no que alguien más lo estaba mirando desde la otra punta de la habitación, comenzó a sentir los lentos pasos de lo que fuese que lo acechaba desde la distancia. Estaba tan amedrentado que había quedado completamente paralizado por la sensación de peligro inminente, la tensión en el ambiente era palpable, y la presencia invisible que lo acechaba parecía alimentarse de su miedo y vulnerabilidad. Intentó convencerse de que era solo su imaginación, que el cansancio y el estrés del día lo estaban haciendo delirar, pero no podía ignorar la sensación escalofriante que recorría su espalda.
La habitación estaba sumida en la penumbra, solo iluminada por la débil luz de la luna que se filtraba por las cortinas. Eric comenzó a dudar de su cordura, cuestionando si todo lo que había presenciado con Tommy Whtson estaba empezando a afectar su mente. Trató de sacudirse los pensamientos y focalizarse en su trabajo. Sin embargo, cada vez que miraba a la pantalla en blanco, sentía que la presencia invisible se intensificaba. Los lentos pasos parecían acercarse, pero no podía ver nada con claridad. Eran solo sombras y figuras borrosas en la oscuridad, lo que lo hacía aún más aterrador.
Sin previo aviso, una voz siniestra resonó en la habitación, susurrando palabras indescifrables que llenaban el aire con un aura maligna. Eric sabía que no estaba solo; algo malévolo se encontraba allí con él. Trató de reunir el coraje para enfrentar lo que sea que lo estaba acosando. Lentamente, giró su cabeza hacia la dirección de la voz. Lo que vio lo dejó sin aliento.
- Déjame ayudarte, querido amigo. - susurró el animal Whtson.
G.Zaballa

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