XLVI
Cada suspiro trae consigo un deseo, un desvelo,
Y en cada respiración, un verso, un anhelo.
En la quietud del hogar, incluso sin haberte encontrado aún,
te espero con amor incondicional.
En cada latido late ya nuestro vínculo,
un lazo eterno, un destino conjuro.
En tus manos pequeñas, el mundo se asoma,
y en tus ojos nuevos, el universo se revela.
Te siento, pero aún no te tengo entre mis brazos.
Te espero en este poema, en este amor, mi alimento.
Seré tu guía en este viaje hacia lo desconocido,
tu escudo en la batalla, tu abrigo, tu nido.
G.Zaballa
