XLVII - Se vende un alma a bajo precio
Se vende un alma a bajo precio.
Aún conserva el olor del café barato en noches de insomnio y
la costumbre de hablar con las paredes como si entendieran de desamores.
No pesa demasiado.
Los gusanos ya hicieron su trabajo.
Fue blanca una vez.
Lo dicen los espejos enterrados,
esos que reflejaron
nuestros cuerpos entrelazados.
Quien compre esta ruina recibirá también
el nombre de quien la destruyó,
cosido bajo la lengua.
No pregunte por su antiguo dueño.
Hace siglos que cambió sus venas rojas
por ríos de tinta negra.
Y escribió sobre la curtida piel del invierno
un testamento,
firmada con las cenizas del último latido.
Ahora, el alma duerme
envuelta en un sudario tejido con telarañas de sueños.
A veces vuelve a despertar.
A veces vuelve a sonreír.
Abre los párpados en silencio
y gozoso alimenta a los buitres con sus entrañas.
Entonces recorre la casa,
abre las persianas.
Y deja que la luz de la noche ventile su ánima.
Llévesela sin miedo.
Solo recuerden no alimentarle
con esperanza.
tiene la mala costumbre de convertirse
en una vieja herida que nunca descansa.
Solo recuerden una cosa.
Si alguna vez en la madrugada escuchan
que alguien llama desde su pecho.
Por lo que más quieran, no abran.
No es el alma quien reclama su regreso.
Es la casa que ella se encargó de destruir
desde adentro.
Advertencia importante
aquí no se aceptan devoluciones.
El comprador será el responsable
de toda ausencia heredada,
de todo beso que aún duele.
de todo sueño marchito.
Gracias por adquirir esta ruina.



















