Relato XV - La luz que cayó del cielo.
(Imagen creada por IA - Leonardo IA)
La luz que cayó del cielo.
Humedecía la yema de sus dedos con el fin de pasar página de una deteriorada edición del Doctor Zhivago de Borís Pasternak, en la que narra la vida de Yuri Zhivago, un poeta y médico ruso, desde su infancia hasta su muerte durante la Revolución Rusa de 1917. Llevaba quizás unos 5 años casi publicado para esa época, pero Alexei la había leído tantas veces en todos estos años que parecía llevar más tiempo existiendo. Hojas amarillentas por la humedad, tapa rayada, pero aun así era una de sus preferidas. A la vez que humeaba un habano de sokol, se lo había regalado un camarada de la base en su última salida a Moscú. Eran de los pocos lujos que un teniente mal pagado de la 41° división de la PVO, la Fuerza de Defensa Aérea Territorial más oriental del territorio, podría darse por aquellas épocas, debido a que los productos básicos que vienen desde la capital eran algo limitados. Era común que a cada cuanto alguno de la base lograra escaparse a alguna ciudad y traer encomiendas. Productos de consumo básico, cigarrillos y vodka barato se vendían bien entre los soldados de la guardia. Pero cosas como habanos, bombones, libros, solo se lo podría costear algún oficial como él.
Alexei disfrutaba de esos momentos de tranquilidad en los que podía leer y fumar su habano antes de ingresar al turno. Le suponía un momento de escape de la realidad, de la dura vida en la base y de la tensión constante de estar en la frontera oriental del territorio. Le gustaba sumergirse en las páginas de cualquier libro que por bondad del destino llegará a sus manos y dejarse llevar por la misma. Mientras leía, recordaba su propia vida antes de unirse a la PVO. Había estudiado en Moscú, una carrera simple, pero que no daba demasiado de sí y tuvo la oportunidad de conocer a algunos de los intelectuales y artistas de la época, los cuales le incentivaron por una carrera en la literatura. Como docente, claro, no tenía la creatividad ni la imaginación de un escritor para pasar su vida entre el papel y la máquina de escribir. Y tan siquiera hablar del rédito económico, si Alexei Dimitrovik no quería morirse de hambre estaba seguro por dónde tenía que tirar. Viviendo de familia de militares con historia que databa de la segunda guerra mundial, era evidente a donde iba a acabar toda su vida.
Se enlistó en la fuerza aérea al cabo de cumplir los 20 años, e ingresó a la academia militar Vasilevski. Aunque era un poco tarde de edad, con los contactos familiares logró llegar fácilmente a destacar como piloto interceptor, siendo destinado posteriormente a una unidad de defensa aérea Voyska PVO.
Su turno comenzaba alrededor de las 0300 horas, pero llegaba siempre un poco antes a la base para disfrutar de sus habanos o para socializar con los camaradas. Por esas épocas la URSS estaba en alerta máxima sobre cualquier acción hostil en su espacio aéreo, debido más que nada al auge de la guerra fría. Esa lucha de egos que a Alexei le daba poco igual, siempre y cuando llegara la paga a principio de mes. Estados Unidos llevaba un tiempo en conflicto en la zona de indochina y esto llevaba a saltar las alarmas muy seguido por cualquier fenómeno aéreo. Así que siempre era recomendado llegar antes por si debía de entrar algunas horas antes.
Su esposa estaba más que acostumbrada a las actividades de su marido, se casó sabiendo que su tiempo lo tendría prestado junto con el trabajo. Elena Kuznetsova, un ama de casa que llevaba muy en serio la carrera de su marido. Su preocupación no era otra que criar a los niños y cuidar a su esposo. Pero la realidad era que le infunde el temor de saber que en cualquier momento lo podrían desplegar teniendo a tan corta distancia la amenaza de una futura guerra.
Por aquel entonces la lucha de ego era enorme y las amenazas de un futuro sumergido en una era nuclear estaban a la vuelta de la esquina, Alexei entendía que era un juego de gato y ratón. Pero de simples amenazas, nada más y que nunca escalaría a algo más serio que eso, pero el temor no dejaba de estar presente. Ahí, en ese inconsciente desconforme con una sociedad oprimida por ideas que no todos compartían. Rápidamente, el tiempo se pasó volando, faltaban escasos minutos para las 3, dejó su novela sobre la mesa de su habitación y apagó el habano, metiéndolo en una de las gavetas de su escritorio. Ya era hora de ponerse en marcha, posteriormente a esto se concentró en buscar su ropa interior térmica y su mono de vuelo. Estaba llegando el momento de entrar a la guardia nocturna, eran vuelos rutinarios, nada de otro mundo para un piloto con buenas horas de vuelo. Se puso su chaqueta de aviador y escucho que alguien levemente golpeaba la puerta metálica.
- ¿Pronto para el turno? - Le dijo un extraño y pálido sujeto. - Camarada Yuri. - Respondió con una leve sonrisa.
- Si ya me dispongo a ir hacia la guardia por los planes de vuelo de hoy.
- Bien, también voy por los míos. Te acompaño.
- Bien. Cerró su habitación y se dispuso a caminar junto a su compañero. Si bien él era nuevo en la base, se conocían desde la academia. No tenían algún tipo de afinidad, pero era más la de un sentimiento de camaradería como la de un militar típico que la de ser un amigo de algún tipo.
- ¿Cómo va la familia? - Excelente, los niños ya están comenzando a ir a la escuela. Y de una forma cortante, Yuri termina el diálogo con una leve sonrisa algo simpática. Al llegar a la guardia de pilotos, un joven sargento da el grito de atención en la pequeña sala.
- Haga continuar camarada sargento. - Responde haciendo un saludo perezoso. - Vinimos por los planes de vuelo sobre el sector 2 B.
- Si camarada teniente, los aviones ya están dispuestos, revisados y a punto.
- Responde aquel joven sargento. }
- Gracias, marque el ingreso a la guardia, ya vamos a los hangares. Alexei se toma su tiempo para llegar desde la pequeña guardia hasta el hangar de su avión, conocía a todos los mecánicos y reabastecedores. Era tradición que el piloto llevará una cierta afinidad con su equipo de mantenimiento, pues eran ellos que se encargaban de la puesta a punto de la aeronave y de esto dependía la vida del piloto
- ¿Cómo está mi pequeño? - expresa a su aprovisionador.
- Cargado, armas primarias y secundarias en punto. Si bien era un vuelo rutinario, los aviones debían llevar al menos una carga básica de armamentos para posibles contratiempos en el aire. Uno nunca estaba seguro de encontrarse con algo que no sea amigo ahí arriba. De Chukotka a Alaska había un aproximado de 50 millas, eso para un avión de cualquiera de los bandos era prácticamente nada. Comenzó a colocarse el chaleco salvavidas sobre el mono de vuelo y ajustarlo con las correas para mayor seguridad. A continuación, fue a por el casco con la máscara de oxígeno y el micrófono.
Se colocó el traje aeroespacial sobre el chaleco salvavidas y lo cerró herméticamente, estaba listo para ingresar a cabina. Saludo a su equipo y se dirige posteriormente hacia el avión. Mientras subía por la plataforma iba repasando el mapa de vuelo en su cabeza, ya lo sabía de memoria, pero en su caso se debía de ser metódico con lo que hacía. Al ingresar al Mikoyan-Gurevich MiG-21, un caza interceptor supersónico que en los últimos años se había vuelto su más gran compañero, debía de cuidarlo, ya que Alexei entendía que esa aeronave también haría lo posible para cuidarlo. Era algo así como un contrato mutuo entre un piloto y su avión, una idea extraña que por aquel entonces la mayoría de los oficiales tenían con su herramienta de trabajo.
Conectó el casco y el micrófono al sistema de comunicaciones del avión, a la vez que iba ajustando de a poco el asiento conforme a lo que preveía Alexei. A su vez, el jefe mecánico realizaba la inspección visual, revisando el estado de las alas, el fuselaje, la cola, el tren de aterrizaje y las tomas de aire. Activó el micrófono y realizó una prueba de radio.
- Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. Prueba de radio. Cambio y corto. - Dijo utilizando el clásico código alfabético del ejército rojo para referenciar a su avión (Mig-21 PVO-2).
- Recibido Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. Fuerte y claro. Tiene la pista libre. - Respondió una voz metalizada al otro lado de la radio.
Alexei decidió realizar el procedimiento de encendido de la aeronave, verificar primeramente los frenos de estacionamiento que se encontraran activos. A la vez que los controles de vuelo se movieran libremente y de forma correcta. Revisó si la válvula de combustible estaba en su posición, apagó todos los interruptores eléctricos y aseguró los disyuntores.
Y encendió el sistema de ignición mientras esperaba que la temperatura del motor llegará a los 200 °C. Luego abrió las válvulas de aire comprimido y presionó el botón de arranque del motor, manteniéndolo pulsado hasta que el indicador de revoluciones del motor alcanzó los 2000 rpm. Soltó el botón de arranque y aumentó gradualmente la potencia del motor hasta que el indicador de empuje alcanzará los 0,5 kg/cm2.
Y por fin, al ver que no había ningún tipo de fuga, encendió el sistema eléctrico de la aeronave, verificando que el radio, el radar, el altímetro y el indicador de velocidad respondieran correctamente. Y casi a punto solicitó por la radio a la torre de control permiso para hacer pista.
- Aquí Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. Solicitó autorización de vuelo.
- Afirmativo Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. Pista libre. - Le respondió aquella voz metálica.
- Recibido.
Comenzó a hacer pista lentamente, giró hacia la izquierda a la vez que encendió los quemadores, sintiendo la fuerza que lo apretó contra el banco de la aeronave. Empujando levemente la palanca de mando hacia atrás elevando la nariz del avión. Cuando subió a los 1500 pies, liberó el quemador y niveló la aeronave. Estaba tan acostumbrado que los efectos de las fuerzas G no lo afectaba en lo más mínimo. Este era el momento exacto donde esperaba instrucciones de la torre de control, la idea era recorrer el territorio aéreo del mar de chukotka con el fin de controlar barcos o aeronaves sospechosas que pudiera localizar.
Si bien existía una capacidad de defensa que le permitía detectar todo con el radar de tierra, ya que la visibilidad era prácticamente nula. Los aviones aun así cumplían de forma esencial el trabajo de patrullaje. La noche nublada hacía que la visión de Alexei se dificultará, debía de guiarse con los instrumentos durante casi todo el vuelo, el absoluto vacío le provocaba una sensación de estar completamente vulnerable a lo que fuera que estuviera ahí.
Continuó volando a través del mar, siguiendo su ruta de patrulla asignada mientras monitorea cuidadosamente los instrumentos de vuelo. La falta de visibilidad y la sensación de vulnerabilidad en la oscuridad lo mantenían alerta a cualquier estímulo, observaba pequeñas luces en el oleaje del mar. Y se perdía imaginando lo que fuese, aunque entendía aquello como nada más que algas luminosas que formaban pequeños puntos azules. Replicando un mar de constelaciones cuando definitivamente estaba todo nublado. Sobrevoló durante horas, manteniéndose alerta a pesar del cansancio que empezaba a sentir. Los pequeños puntos de luz en el mar seguían llamando su atención y maravillando a su vez.
La noche parecía interminable y el frío comenzaba a penetrar el fuselaje del avión, haciendo que los dedos de Alexei se entumecieran en los controles. Pero no podía permitirse bajar la guardia, ya que su trabajo era crucial para la defensa del territorio y la seguridad del país.
Algo de orgullo por su trabajo, en ocasiones le provocaba un sentimiento de patriotismo, si bien era su deber, era un trabajo más que debía de realizar. Su situación económica no le dejaba más cosas que hacer en la vida. Siguió sobrevolando sin perder la costa de vista y por supuesto a todas aquellas luces que se veían en el mar. Luchaba con el frío intentando concentrarse en los aparatos del avión, pero esto le era difícil. Observó hacia el horizonte y vio como una de las nubes se iluminaba de a poco parpadeando extrañamente.
- Torre de control, aquí Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. ¿Tienen algún objeto sobre el radar? - Dijo apoyando la máscara en su rostro.
- Veo una luz hacia mis 3 sobre el mar, proveniente del este.
- Torre de control a Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. No tenemos nada.
- Bien, voy a dirigirme a investigar. Si ven algo en el radar avisen.
- Recibido.
Corto inmediatamente y empujo levemente la palanca del avión hacia la derecha, virando y poniéndose en frente a la extraña luz, decidió subir la nariz y metiéndose con todo en las espesas nubes. Se pasaron unos segundos cuando la extraña luz se apagó, de pronto no le quedó otra que volver a la costa, se encontraba acercándose demasiado a la frontera con Estados Unidos. Giro nuevamente la palanca haciendo un giro en U, tal vez estaba viendo algún relámpago de alguna clase de tormenta, si eso debería ser. Se pasaron unos cuantos minutos cuando volvió a ver la extraña luz sobre el horizonte, pero esta vez la luz se mantenía sin parpadear, iluminando más fuerte.
- Torre de control, vuelvo a ver las luces. Confirmen por favor.
- Aquí torre de control, seguimos sin tener nada en el radar.
- Recibido, voy a verificar que es.
Giro nuevamente el avión y dirigiéndose a la extraña luz. Solo podía ser una broma de mal gusto, no era una tormenta y tampoco alguna estrelló o la luna, ya que la luz esta vez iluminaba gran parte del horizonte. Debería ser algún tipo extraño sistema de propulsión para emitir tanta energía lumínica. Estaba convencido de eso, por lo que activó los quemadores de la aeronave y se dirigió rápidamente hacia eso, sintió el abrupto empuje que lo apretó contra él haciendo nuevamente, haciendo que su respiración se viera agitada.
La aeronave volvió a meterse en las espesas nubes, esta vez con más violencia, la propulsión hacía que se formara una turbulencia. Al subir a unos 5000 pies, donde ya no había más nubes, se deparó con la descomunal bóveda celestial. Las estrellas se resaltan dejando en evidencia lo simple y pequeño que era Alexei comparado al mundo. Pero esa maldita luz nuevamente había desaparecido, estaba jugando con él. Ya le estaba quitando la poca paciencia que tenía, apagó los quemadores y decidió nuevamente dar vuelta hacia la costa, pero esta vez sin descender a los 1500 pies. Si de nuevo aparecía esa extraña luz, lo iba a poder ver.
- Torre de control, perdí la luz.
- Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. ¿Está seguro de lo que ve? - Expresó la voz metalizada una vez más. - Nosotros no teníamos nada en radar.
- Sí, estoy seguro de que lo vi. No son estrellas, no es la luna, ni tampoco son relámpagos. Es algo más.
- Recibido, mantenga las comunicaciones abiertas.
Otra aeronave va a despegar para apoyarlo. Cambio y fuera. Sintiéndose más seguro, su respiración ahora volvía a la normalidad. Sea lo que fuese esa extraña luz, esta vez lo iban a encontrar con dos aviones sobrevolando la zona. Al llegar a la costa, vio a la lejanía un objeto que brillaba de forma descomunal, brillaba y cambiaba a cada poco segundo la intensidad del brillo. Alexei nuevamente activo los quemadores entrando en mach 1, lo presionó de tal forma contra el banco que logró sacarle el aliento por unos pocos segundos. Estaba entrenado para esto y se encontraba más seguro de sí que nunca. Al llegar cerca de la luz activó la radio.
- Torre de control, tengo a las doce la luz.
- Recibido Shutochka, Pyotr, Viktor, Olga, 2. No tenemos nada en el radar.
- ¿Qué? Lo tengo enfrente, es alguna aeronave, no logró identificarlo.
- Recibido, pero seguimos sin detectarlo. Acérquese e intente identificarlo.
A medida que llegaba cerca de la luz, la fuerza de la misma comenzaba a aumentar y cambiar de colores. Rojo, Azul, Amarillo y blanco, era un festival de colores que sorprendida a Alexei.
En algún otro momento, sabiendo lo que fuese, se alegraría, pero en esta situación de alerta no se sentía para nada cómodo de lo que estaba pasando. - Aquí es la fuerza de defensa aérea rusa, está en espacio aéreo restricto. Favor de identificarse.
- Verbalizo por la radio en canal abierto esperando alguna respuesta que lo calmara.
- Repito, aquí es la fuerza de defensa aérea y está en espacio aéreo de la Unión de Repúblicas Soviéticas. Está en espacio aéreo restricto, si no se identifica tengo permiso de derivar.
Alexei rogaba para que esa cosa se identificara de una vez por todas, no se sentía nada bien con la situación. Pero no recibió ninguna respuesta del objeto extraño. Pasó por su lado y no logró identificar nada, ninguna figura ni estructura que le diera a entender si era hostil o aliado, así que dio vuelta en U, a la vez que activaba las armas primarias y secundarias.
Puso la luz en el centro de su sistema óptico-electrónico y apretó el botón del cañón GSh-23 de 23 mm. Dos secuencias, suficiente como para despedazar a cualquier aeronave existente. Pero la luz seguía sin moverse y emitiendo aquella luz que ya le parecía demasiado frustrante, esto le hizo girar sobre el objeto dando un par de vueltas.
- Torre de control, le disparé con el cañón y no le hizo nada.
- Ya con una voz más agitada le expresó su frustración.
- Recibido, en minutos tendrá otro avión de apoyo.
Giro nuevamente teniéndolo a sus doce, esta vez le iba a demostrar a esa cosa de que estaba hecho y que no le tenía miedo. Activo un misil aire-aire R-3S guiado por infrarrojo de corto alcance. Lo iba a despedazar de la forma que sea, seleccionó el modo adecuado a través del sistema de búsqueda y seguimiento infrarrojo, vio que esa extraña luz le aparecía y disparó el misil a la vez que giraba bruscamente hacia su izquierda. Escuchó el impacto del misil con el objetivo y sintió un alivio enorme. Dirigió la mirada al retrovisor y vio que la maldita luz, ya en un color escarlata, lo perseguía, estaba prácticamente sobre su cola.
Comenzó a girar con la palanca del avión en zigzag, haciendo maniobras para despistar a esa cosa.
- Torre de control, tengo el objeto a mis seis, me está persiguiendo. os intentos de derribo no funcionaron. Necesito apoyo.
- Recibido, el PVO-3 estará en su radar en unos minutos.
Pero la cosa no se despegaba ni un segundo de Alexei, no le disparaba, pero tampoco lo dejaba en paz. Siguió haciendo todo tipo de maniobras para que lo dejara libre.
- PVO-2 aquí es PVO-3. Estoy a tus seis.
- Dijo otra voz que le provocó un alivio enorme, era otra aeronave.
- Recibido PVO-3.
- Lo tengo en el sistema infrarrojo y voy a disparar.
- ¡NOOOO! - Exalto con mayor desespero, a la vez que sentía que algo explotaba en su cola.
El misil de su compañero había impactado en Alexei, instantáneamente un millón de luces de alerta comenzaron a brillar acompañado de sonidos de emergencia. Percibió que la palanca del avión ya no respondía, esa fue la señal de que tenía que eyectarse en exacto instante. Busco la palanca y la tiró con las dos manos, perdiendo la conciencia al instante debido a las fuerzas G.
Volvió a retomar la conciencia a los pocos segundos después y yacía colgado por un gran paracaídas mientras pedazos de su avión caían al vacío absoluto. Pero algo más también a su vez, varios pedazos de algo que no lograba reconocer caían junto. Al llegar al frío sueño se enterró en nieve que le llegaba hasta la cintura, cortó las cuerdas del paracaídas y lo fue recogiendo, estaba seguro de que en algún momento lo necesitaba para sobrevivir en la tundra siberiana.
Observó como un claro en el horizonte se iluminaba, era un bosque espeso que formaba una montaña helada. Llevaba solamente una pistola makarov para protegerse de lo que fuese que estuviera afuera, había animales de todo tipo, osos, lobos, pero creía que de igual forma podía encontrarse con algo más, tal vez el responsable de aquella nave misteriosa. Su compañero sobrevoló varias veces intentando buscar algún indicio, pero a Alexei le daba esa impresión que no lo podía ver, aunque quisiera, no llevaba bengalas ni tampoco algún tipo de humo indicador, no le quedaba otra que caminar y refugiarse en algún lado.
Con el mismo paracaídas hizo un pequeño trineo improvisado para cargar lo que necesitaba y se puso en camino. Lo primero de todo sería hacer el refugio, luego buscar alguna forma de salir de ese infierno congelado. Suponía que aquellas luces deberían ser alguno de los escombros de su avión, pero la luz que generaba era demasiado para un simple avión. Encontró algunas ramas en el camino y decidió que ahí haría su refugio, necesitaba hacer fuego lo más rápido posible. Recordó que su navaja llevaba pedernal. Mientras pasaba la noche el insólito bosque provocaba su máximo temor y la máxima alerta, ruidos de ramas y pasos hacían que Alexei empuñara su pistola una y otra vez. No hacía más que un par de minutos que había de escuchar el avión de su compañero, suponía que la base lo estaría buscando o al menos deseaba que fuese así. No tenía ni la más pálida idea de dónde podía estar, para él todo le era irreconocible, pero por las luces del fuego provocado por los escombros entendía que no demorara demasiado la ayuda. Era cuestión de horas que un helicóptero con algunos cuantos soldados bajara y se lo llevara, de eso estaba seguro, o creía que así sería. Supuso que la mejor forma sería estando cerca de uno de los escombros más luminosos, así que decidió, por impulso de supervivencia, caminar hasta la luz que iluminaba el horizonte.
El frío hacía que no se pudiera concentrar del todo, suponía que debía de hacer algo más de 10 grados bajo cero, mantener la cordura y caminar hasta donde pudiera era su única motivación. A medida que se acercaba a la gran luz, escuchaba a su alrededor como un sin fin de sonidos se mezclaban, haciendo suponer que no estaba para nada solo.
Al llegar al lugar notó que los árboles tenían un extraño líquido metálico de algo similar al plomo líquido, pero a su vez su color no era del todo igual. Cambiaba conforme lo miraras de otra perspectiva era muy extraño. Alexei decidió tocarlo con la punta de su cuchillo y vio como esa cosa reaccionaba bruscamente al material moviéndose.
Esto le provocó que lo termine arrojando lejos, lo veía por todas partes, ese extraño líquido metalizado yacía tanto en los árboles como en el piso y en las rocas. No era combustible de su avión, era otra cosa, algo que nunca se deparó en vida. Mientras aumentaba la luz de los escombros, aumentaba la cantidad de ese líquido extraño por todas partes, como si fuese parte de alguna pieza mecánica o tal vez algún tipo de combustible vivo.
De pronto, a pocos metros vio un gran incendio que se abalanzaba sobre él, intentó ver qué era lo que provocaba y en un claro qué le permitió ingresar observó una gran estructura cilíndrica destruida. Le provocó gran curiosidad, no se trataba de ninguna pieza de su avión, no era nada conocido. En ese momento escuchó proveniente de aquel extraño fuselaje un quejido bestial de animal que no lograba asimilar a algo conocido, cargó su pistola makarov y empuñando ingresó a ver que era.
Logró llegar hasta la extraña estructura metálica, una de las rajaduras dejaba al descubierto un ser humanoide con brazos largos y una boca similar a la de un lagarto, sus ojos eran brillantes, se reflejaba una constelación de luces en ellos. Alexei tímido, se acercó lentamente y lo tocó con la punta de su pistola, fue en ese exacto momento en que aquel ser emite un gruñido que le provocó, por miedo, dispararle varias veces hasta que la bestia dejó de reaccionar.
Aturdido y asustado, comenzó a retroceder cuando de repente pecho con alguna otra estructura. Al darse vuelta para ver que era, se deparó con otra de aquella bestia, similar a la que había fulminado, al verlo abrió su extensa boca, dejando al descubierto una larga lengua bífida, igual a la de una serpiente. Daba la sensación de que estuviera saboreando antes de matarlo, en ese exacto momento su gran boca destroza el rostro de un simple mordisco.
La cabeza de Alexei se había transformado en un pedazo deforme de carne, huesos y pelo.
G. Zaballa
