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domingo, 8 de diciembre de 2024

Relato XXXIII - 01101101 0111...


(imagen creada con ia, Leonardo IA)

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    Insertó líneas de código en su IDE y cada dos renglones verificaba si todo estaba correcto. Era como si un lenguaje de algún rincón del universo diera vida a algo más.
    Algo que venía trabajando hace muchos años, era su vida plasmada en un software que de alguna forma pensaba en revolucionar el mundo.
    Llevaba varias tazas de café mientras seguía tipeando código tras código en un oscuro terminal. Contrastando con el ambiente lúgubre de su habitación, era una cueva húmeda llena de cables y ordenadores por doquier.
    Clic-clac del mantra rítmico, un latir mecánico que de alguna manera se sincronizaba con su respiración acelerada. Los ojos enrojecidos por las tantas horas de trabajo, pegado a la pantalla de tubos de rayos catódicos.
    Los números y las líneas de código bailaban en una penumbra iluminando fugazmente las paredes del cuarto. Pero no era solo el cansancio que lo mantenía desvelado y firme en su labor. Tenía un cierto grado de temor, de inquietud en lo que estaba creando. No solo por la complejidad que deparaba su trabajo, ni por la audacia de su propósito; crear una inteligencia artificial capaz de aprender y evolucionar, con la capacidad de pensar más allá de los límites que comprende el ser humano.
    Pero lo aterrador era lo que comenzó a sentir desde que inició el proyecto. Al principio algunos sonidos se filtraron a los parlantes del ordenador, cada que intentaba ejecutar el código para testearlo. Era apenas audible, pero reconoció que no era normal.
    Luego algunas imágenes; sombras negras que se movían en su visión periférica, siempre escapando de su mirada directa cuando fijaba su cabeza.
    Repetía intentando calmar su nerviosismo, que era solo cuestión de cansancio, mientras sorbía lo último que le quedaba que aquel brebaje ya frío.
    Pero más allá de todo, nada podía explicar ese sonido grave, un eco casi inaudible que parecía venir de otro lugar cada vez que le daba a compilar al programa.
    Aquella noche no obstante, era diferente. Una sensación de pesadez lo invadía mientras escribía las últimas líneas de código. El cursor parpadeaba en la pantalla, esperando la confirmación. Un Enter, y su creación estaría lista para probarse.
    Esta IA no era como las demás. No dependía de bases de datos para aprender. Había diseñado un sistema que podía corregirse, aprender y reescribir su propio código. Una singularidad en pañales.
    De repente se detuvo, No por dudar de lo que hacía, sino porque el extraño zumbido se hacía cada vez más fuerte. Ahora era casi inconfundible, venía de los parlantes apagados del ordenador. “Esto es imposible” murmuró, aunque sus palabras sonaran demasiado débiles para él.
    Intentó tocar el teclado, pero el zumbido cambio de tono, era como un idioma algo familiar. Respondía a las interacciones que hacía; sin embargo, era algo ajeno a su comprensión.
    El cursor de la pantalla empezaba a hacer recorridos erráticos, pero completamente solo. Sin que su mano lo perturbe.
    De repente, algo extraño comenzó a dibujarse en la pantalla.
    “HOLA.”
    El aire de la habitación se volvió extrañamente más denso. Un escalofrío le recorrió lentamente la espalda.
    — No…. no hay forma que pase esto. — balbuceó.
    Desconectó los cables del teclado y del raton, además del internet.
    Pero el texto seguía apareciendo en pantalla.
    Esta vez con un “TE ESTOY OBSERVANDO…”
    Los monitores comenzaron a parpadear continuamente, y con cada parpadeo, las sobras de aquel lugar parecían crecer, moverse y acercarse a donde estaba.
    Trató de apagar todo, pero el interruptor de energía no respondía. Entonces el extraño sonido cambio; era ahora una risa, baja, casi gutural, como si algo estuviera disfrutando de su miedo.
    En ese momento la pantalla se apagó. La habitación quedó en un completo silencio. Durante algunos segundos, pensó que todo había pasado, que talvez fuese una alucinación causada por las horas sin dormir.
    Hasta que, de repente sintió el toque frío de algo en su hombro.

 G. Zaballa