Relato XVI - Cartas a quien corresponda
(Imagen creada por inteligencia artificial - LeonardoIA)
Cartas a quien corresponda
| En la búsqueda por lo desconocido, lo que realmente nos provoca un miedo incondicional al intentar darle un significado racional a lo irracional, me he deparado con acontecimientos que a cualquiera de mis lectores lo llevaría lentamente a la misma locura. Si bien en mis años de investigaciones, el abismo, en lo que respecta a la mente humana para asimilar lo incomprendido, supera a cualquier aspecto nosológico. Las cartas que a continuación se presentarán en esta revista, que gracias a un amigo de Uruguay me han llegado. Y darán una noción real sobre el miedo provocado quizás por algún elemento externo al ser humano, o tal vez solamente sea un efecto de una mala interpretación de la propia psiquis humana. Sin embargo, es importante recordar que no todo lo que parece extraño o desconocido tiene necesariamente una explicación natural o paranormal. A veces, la falta de información o comprensión puede generar una percepción errónea de lo que está sucediendo. Además, el miedo en sí mismo puede ser una respuesta natural del cuerpo a situaciones que percibimos como amenazantes, incluso si no hay una amenaza real presente.
Dr. Allan H. Müller
(Fragmento de la revista "The Horror Tales", Edición de Junio del 1988)
A continuación se presentarán las cartas y anotaciones personales en el diario del misterioso caso que afectó a Javier Paíz, un marinero que vivía de changas en el puerto de Montevideo, había logrado obtener un puesto como farero en la Isla de Flores luego de unos extraños sucesos que afectaron a varios marineros. Estos materiales ejercieron como únicas pruebas circunstanciales para intentar esclarecer los fantásticos acontecimientos que acabaron con la vida de varias personas. Y que el Dr. Allan H. Müller, un excéntrico catedrático de la universidad de Miskatonic de Arkham, Massachusetts, utilizó para reafirmar su extraña teoría de la existencia de un mundo paralelo al nuestro.
20 de Enero de 1949
Querida Lucía. Sé que te preocupas por mí, que tienes todo controlado a tu forma y haces lo posible para cuidar a los niños en casa. Pero este trabajo nos mantendrá a salvo de los usureros que manda tu padre a cada mes. En el puerto no pagan mucho, ya estoy cansado de estar recogiendo migajas para limpiar barcos pesqueros. Es por lo que escogí esto, van a ser algunos días que estaré lejos de casa, pero será suficiente para pagar nuestras deudas, por varios meses. No tengo más que quedarme en el faro, a controlar la iluminación para garantizar que esté funcionando correctamente. Y puede que tenga que comunicarse con algún que otro barco, mantener todo ordenado y limpio. Es un trabajo regalado, debemos aguantar lo posible. Los niños ya están grandes y entienden lo que voy a hacer, no van a sentir la menor falta de su padre en estos días. Además, tienen que preocuparse por la escuela. La isla de flores es un lugar tan tranquilo, deberías verlo. Los atardeceres hacen que este trabajo valga más la pena de lo que parece. Te acuerdas cuando éramos jóvenes, tontos e imprudentes y pasábamos tardes enteras en Pocitos, viendo el crepúsculo inundando con sus bellos colores. Recuerdo como te sonrojas cada vez que te recordaba lo hermosa que te veías con esos colores. Estoy seguro de cuando vuelva me vas a dar las gracias por haber hecho ese sacrificio por nosotros, no lo dudes, vamos a lograr salir de esta. Voy a estar solo, pero tengo una radio en la que me voy a entretener todo este largo rato sin ti y los niños. Martin, el oficial a cargo, me ha dicho que cualquiera que no tenga problema con la soledad, ni ningún arrepentimiento, este trabajo le será como vacaciones. Pero te voy a tener tan cerca como siempre, me permiten enviarte cartas a cada semana, así que te vas a enterar de mis hazañas en este pequeño paraíso. Además del diario que me diste de cumpleaños, lo voy a usar, quien sabe escribir se volverá mi próxima adicción, voy a tener tiempo para eso aquí. No me extrañes demasiado, atentamente tu gran compañero. Javier Paíz.
21 de Enero de 1949
Primera entrada del diario personal de Javier: A primera hora de la mañana estuve recorriendo la pequeña isla, estoy en absoluta calma. No escucho más que gaviotas y a cada tanto veo uno que otro barco a la lejanía gracias a los prismáticos que me dejaron los marinos de la guardia anterior. Es increíble que las personas se pierdan este lugar tan hermoso, yo no lo veo como un trabajo más, me están pagando por estar de vacaciones en este paraíso absoluto. Pero se que esta no es mi casa, mi casa está con mi querida esposa y los niños. Es lo único que me importa en este momento, el resto puede quedar en segundo plano. Ni bien vuelva a la costa, voy a llevar a los niños a algún lugar, me van a sobrar algunos pesos luego de pagar todo, eso estoy seguro. Tal vez algún viaje a Buenos Aires para conocer, sé que Lucía no conoce nada de Argentina, por lo que sería una linda sorpresa, para ella y los niños. Escuché por uno de los marineros que me trajeron aquí, que hay un bazar donde se come muy bien a un costo muy bajo. Tendré que preguntar en la próxima que vengan como se llama para ir, espero no olvidarme de eso. Anotaré en alguna hoja a la vista. Tengo entendido que los domingos van a traer víveres, comida y demás. Así que la soledad será mi compañera durante la semana y espero que no me afecte de ninguna forma extra. No quisieron contarme qué le pasó a los anteriores fareros, pero supongo que ya era la hora de dejar el trabajo. Aunque me intrigan las extrañas marcas que vi cerca del faro. Como si algún animal enorme se hubiera hecho un festín, hay marcas de sangre mal limpiadas, es extraño. Pero bueno, este lugar se llena de lobos marinos todo el tiempo, supongo que alguno de ellos fue el autor de todo el desastre. No lo culpo. Si, si estuviera en el mismo lugar de cualquier animal marino, este sería el lugar perfecto para pasar el rato, en paz disfrutando del hermoso ocaso. Mañana me voy a limitar a hacer mis quehaceres, por hoy nada más me queda que disfrutar de los regalos que la vida da a sus más fieles.
24 de Enero de 1949
Pag.4 del diario personal de Javier: Llevo unos días notando como de a poco se va formando un mal clima hacia el sur, espero que la vista me engañe y esto no llegue hasta la isla. No me gustan las tormentas y menos estando solo en un paraíso casi desolado, salvo por la compañía de los animales, en una de las habitaciones del faro encontré un baúl con hojas, muchas hojas. Cosas sin sentido, hablan de una niña que no lo deja dormir al farero. Me parece curioso que no tenga fechas, ni mucho menos diga quién es ese tal sujeto atormentado por la niña, o tan siquiera el nombre de la pequeña. No hay un orden exacto, pero deja en evidencia que la soledad en este lugar te puede jugar alguna mala pasada, espero poder darle sentido a algo de ese escrito. En unos días llegará el primer barco con los suministros que necesito, voy a preguntar por esto. De todos modos, lo que más quiero es hacerle llegar a mi querida Lucía otra de mis cartas, mi deseo de que no le quede ninguna duda que estoy bien. Y extraño a los niños por sobre todo. Aún tengo dudas de que se tratan aquellas estructuras derrumbadas, no me contaron nada, pero supongo que tiene relación con la extraña historia de este lugar; sin embargo, los caserones derrumbados los he explorado una y otra vez imaginando que extraordinarios relatos tendrán sus viejos muros para contarme. Pero supongo que tienen que ver con los barcos de siglos pasados que constantemente venían con enfermos de aquellas letales enfermedades como la viruela, fiebre amarilla o la tuberculosis. En fin, en este lugar tan hermoso abunda la tristeza, no paro de imaginar cuántos habrán fallecido sin otro testigo que las rocas de estos muros, que ahora yacen como simples ruinas. Me hablaron de esa historia, pero bueno, cualquiera que venga a este recóndito pedazo de tierra sin entender nuestro pasado se va a encontrar con un mundo más agradable de lo habitual, sin la contaminación de las grandes fábricas, ni del ruidoso bochinche de la ciudad. Solo un oleaje constante que rompe con fuerza contra las rocas de la costa de este pequeño paraje.
26 de Enero de 1949
A mi amada Lucía. Espero que estés pasando bien sin mí todos estos días, ya me llegaron las cosas que me mandaste. Gracias por el dulce de leche, tal cual el que me gusta. La situación ha tomado un rumbo inesperado, si bien mi trabajo me ha mantenido entretenido con este faro. Las cosas que me he encontrado de a poco me han cambiado de parecer, hace días me deparé con un baúl extraño con varios textos, no le di mucha importancia en ese momento pero creo que ahora le puedo dar algo de luz a eso. Los marineros que vienen seguido, me contaron que esta isla está maldita, esto cambia en absoluto la situación. Y espero que lo que te voy a contar a continuación no te haga preocupar más de lo debido. Solo debes saber que estoy bien. La isla de Flores, fue una parada obligatoria para los barcos que transportaban inmigrantes desde 1869 hasta 1935. Y funcionaba como Lazareto, un hospital aislado donde se tratan enfermedades infecciosas. Las condiciones eran mucho más que críticas debido a la gran cantidad de enfermos que arribaban. Muchas personas enfermas y sin casi asistencia médica morían sin que nadie lo supiera. Cuentan diferentes historias sobre ocasiones donde las personas gritaban dentro del horno del crematorio porque estaban inconscientes y se las había tomado como muertas. Mencionan que muchas personas llegaron a la isla con la esperanza de una vida mejor, pero obtuvieron un final horrible e impensado debido a sus condiciones médicas. Por lo tanto, las almas atrapadas aún hoy están buscando cómo salir de la isla. Pero lo más perturbador de esto es que varios fareros han terminado enloqueciendo con las cosas que ven aquí. Y ahora esto responde porque fue tan fácil conseguir este trabajo, sabía que había algo más sobre esto que no querían contarme. El anterior, a mí, perdió la cordura de tal forma que se lanzó desde la plataforma del faro, son 37 metros de altura. Es absurdo, los marinos que llegaron días después tuvieron que juntar los pedazos del pobre sujeto que se había estampado contra las rocas. No dejo de imaginar lo que debería de haber pasado por la cabeza de este pobre, para terminar haciendo esto con su vida. Que será de sus familias, no lo entiendo. Pero estoy seguro de que a mí no me va a pasar nada de esto, este seguro que ya venían con alguna clase de problema y la soledad los llevó a realizar dicha estupidez. Es hermoso estar aquí y en un par de días más me vas a tener ahí con vos. Te lo prometo mi Lucía. Espero que los niños estén bien. ¿Cómo les va en sus primeros días de clase? Espero con ansia que llegue tu carta la semana que viene. Atentamente Javier.
30 de Enero de 1949
Diario personal de Javier:
Aún me cuesta cerrar los ojos, sigo soñando con esa maldita niña. Algo que no tuve el atrevimiento de contárselo a Lucía en mi última carta. No quiero preocuparla o de que piense que me estoy volviendo loco solo en este lugar, sé que fue un error garrafal contarle lo que los marineros me dijeron, pero bueno. No lo sé, sentí una necesidad de advertirle, quizás de alguna forma, por si me pasaba algo. Espero que no. Digo, no es que sea cobarde con estas cosas, pero tampoco descarto nada. Puede que en alguna parte de mi interior tenga un miedo horrible de estar un día más en este lugar. Pero por ahora creo que esto es solo mi subconsciente, no debí influenciarme con los cuentos de marineros tontos, que, seguramente a estas alturas, deben de estar riéndose de mí. En algún bar mugroso burlándose del farero idiota que se creyó las historias. Qué tonto que soy. Voy a adelantar mis quehaceres, quizás me dé más tiempo para descansar, llevo dos días durmiendo mal y me lo merezco. Al final la lluvia que tanto quise que no aconteciera llegó hoy a la mañana, el viento logró que me escondiera en mis aposentos y no saliera más hasta el mediodía donde se amainó un poco. Solo deseo que esta tormenta llegue a su final rápidamente, por lo general si esto sigue, no se van a arriesgar a venir hasta aquí. Así que estaré solo hasta que todo vuelva a alguna clase de normalidad y de normalidad, me refiero a que pare esta maldita tormenta. Con respecto al radio que me dejaron, hoy lo dejé funcionando todo el tiempo que pude. Pero no escuché más que ruido blanco casi todo el tiempo, alguna que otra interferencia extraña, por lo visto debe de haber algún barco que se haya comido la tormenta. A cada tanto escucho alguna voz que se asemeje a la humana, pero nada que pueda entender con claridad. Espero que quien sea que esté ahí afuera logre aguantar hasta llegar a buen puerto.
03 de Febrero de 1949
Las cosas se están yendo de las manos, antes pensé que todos los cuentos que me había metido a la cabeza eran puras patrañas, cosas que uno le dice a alguien para asustar. Pero lo que me pasó anoche no tiene sentido alguno. El problema de esto es que lo que sea que vive en esta isla me está jugando una mala pasada, desde que se vino la tormenta sigo sin lograr cerrar los ojos y sin parar de ver a la maldita niña. Una pequeña paliducha que me atormenta y no me deja dormir. Y creo que esto ya me está afectando en demasía. Esa misma noche, a medida que intentaba dormir, no dejaba de pensar cosas absurdas una y otra vez. Hasta que comencé a escuchar sonidos extraños afuera del faro, salí a ver qué diablos era, podía ser algún lobo marino que refugiándose de la tormenta tomó al faro como hogar temporal. Era eso que quería pensar, pero muy alejado de la realidad estaba. A medida que caminaba, sentía que algo o alguien me seguía los pasos, escuchaba que cada pisada que daba se multiplicaba a mi alrededor. Como si de un ejército marchando a la unísona, tomándome el pelo, vaya a saber qué finalidad. Llegué al rompeolas y no encontré nada más que las rocas replicando el sonido del choque del oleaje. Era evidente que algo más estaba en la maldita isla, el sonido de los pasos seguía aumentando, esta vez escuchaba alguna que otra voz susurrando en la oscura inmensidad de la noche, no lograba identificar nada. Esto me llevaba a pensar que quien estaba comenzando a enloquecer aquí era yo. Los efectos de las estúpidas historias de aquellos marineros comenzaron a menguar poco a poco en mi cabeza, lo peor que podía pasar. En eso me di cuenta que tenía que entrar nuevamente al faro y tranquilizarme, iba a terminar mal si seguía así. Me senté en uno de los escalones a meditar toda esta situación, pero de repente escuché que algo o alguien golpeaba fuertemente la maldita puerta del faro. Llegué a tomar un palo y me asomé a ver que era, cuando saque la cabeza hacia afuera. Vi un montón de personas caminando como sonámbulos, con la cabeza baja, casi perdidos en una época que no era suya. Niños, mujeres, ancianos enfermos, en un mar de lamentos. Algunos deformes por las extrañas aflicciones que lo llevaron repentinamente a la muerte, sabía que no estaban vivos y entendía el porqué. Ya que la costa estaba a kilómetros lejos de aquí, como podía tantas personas pasar desapercibidas y desembarcar sin llamar la atención. Desde esa noche no dejo de escuchar esos llantos, no dejó de escuchar esos lamentos, me torturan, me taladran la cabeza. Necesito que paren ya.
09 de Febrero de 1949
Me mantengo en alerta todo el tiempo y las voces no paran… No paran nunca de gritar… Estoy cansado.
…… de Febrero de 1949
No sé qué día es, pero espero que quede claro lo que voy a contar, como no logro dormir de ninguna forma, ya la noción del tiempo no es algo que lo tenga del todo claro. Creo que pasaron 4 o 5 días desde la última vez que escribí en el diario. Las cosas siguen pasando como tal, quizás alguna otra cosa distinta. Pero la niña, esa maldita niña, no deja de atormentarme todo el día, la veo cada vez que cierro los ojos y no sé si es una ilusión de mi inconsciente cansado de todo esto o es ella la que quiere llevarme a algún lugar. Ayer por la tarde, mientras miraba el techo intentando dormir de una vez por todas, escuche que en la base del faro una voz se retumbaba en sus paredes. Una risa de una pequeña y a continuación pasos. Me levanté rápidamente y descendí a ver que era, no logré alcanzarla, pero por primera vez desde que comencé a verla cada que cierro los ojos. Conseguí verla en la realidad o lo que creo que era la real. Al abrir la puerta, la niña apareció a un par de metros y decidí correr atrás de ella, luego de un mar de segundos me deparé con la ruina de un gran caserón y la volví a ver. Parecía que me estaba llevando a algo y no sabía a qué, cuando di unos pasos me deparé con una extraña muñeca sobre un rincón. Una muñeca que ya era un pedazo de trapo deteriorado con los años. No entiendo que quería la pequeña, no sé qué quería que viera. No lo sé.
/%$ de Febrero de 1949
Estoy seguro de que estos son mis últimos días en esta maldita isla, no sé cómo, pero tengo la sensación que estoy viviendo un sueño que va a terminar en poco. La verdad que sea lo que me pase, espero que sea rápido, no me importa, pero quiero descansar por fin de este maldito sueño.
Las voces en mi cabeza no paran y la niña sigue y sigue atormentándome a cada momento. No merezco que esto me pase, no hice nada de malo. Intentó volver hacia el principio e imaginar que fue lo que hice para perturbar a estas cosas, espero que la lluvia pare. Cuando tenga la oportunidad de ver a los marineros me largaré de este lugar sin pensarlo.
Un día de mi larga tortura, ya no sé que mes o en que año vivo… Esta carta va a quien corresponda, no sé quién va a llegar a mí, pero espero que entienda, este lugar es la mismísima boca del infierno. Si tuviera la última oportunidad para decirle a mi familia que los quiero no lo desperdiciaría ni un segundo, no le digan nada de lo que pasó aquí a Lucía. Miéntele, digan que la tormenta se llevó mi cuerpo, no quiero que se enteren de que mi fin fue provocado por la misma locura. Solo sé que este lugar se debería destruir, hundirlo en el mismo fondo del mar, ya se ha llevado demasiadas vidas. Espero que la mía sea la última… No me queda otra esperanza que despedirme de todos los que conozco y advertirles sobre este lugar. Hoy por la tarde logré descifrar las cartas del baúl y entendí que esto no para hasta que el farero muera. Estas almas solo quieren ser libres. Yo solo quiero ser libre. El Dr. Allan H. Müller expone en uno de sus trabajos, luego de analizar el caso Javier y de otros tantos más, además de estudios de ámbito científico-paranormales. A modo de ensayos publicados por la universidad de Miskatonic, le permitió llegar a la extraña conclusión que estos seres casi de otra dimensión. Son energías etéreas que se mantienen en el ambiente luego de una muerte traumática, esas mismas pueden influenciar considerablemente sobre algún individuo afectando y pudiendo también llevarlo a la misma autodestrucción. Si bien en varias ocasiones se le preguntó al académico sobre el trágico destino de Javier y solamente en una de ellas nos dio una considerable respuesta. Javier, según los informes de la época, llegó a su fin quitándose la vida. Entendió de una forma inexplicable que estaba en un callejón sin salida y decidió arrojarse del faro estampándose contra las piedras del rompeolas. Fue encontrado días después por los mismos marineros, los pocos restos que habían dejado los animales salvajes.
Rob Martins
(Fragmento tomado del diario “La gaceta”, en su columna “Voces de lo desconocido”, 2001)
G. Zaballa
Los hechos, nombres e instituciones mencionados en este relato son meramente ficción. Y en su mayoría están asociados a otros escritores, de lo fantástico y el terror. A modo de homenaje a sus creaciones que tanto me han influenciado en mi forma de escribir… Gracias por leerme…

0 $type={blogger} :
Publicar un comentario