Relato XI - Rojo corazón
Imagen generada por una inteligencia artificial. (DALL-E2)
6.30 pm
Mientras tomaba asiento al lado del escritorio metálico de una de las esquinas de la habitación y comenzaba, de a poco, a rellenar el libro de la guarida, con su nombre y algún que otro dato más. A la vez que arrancaba a dar los primeros sorbos en su taza de café favorita, negro, casi sin azúcar como solía gustarle, lo suficientemente fuerte para aguantar una noche larga. Ya lo tenía bastante acostumbrado, pero intentaba disimular con muecas un tanto extrañas, mordiéndose el labio inferior y frunciendo las cejas. Debería estar toda la noche desvelado, esperando que algún cadáver nuevo ingrese por aquella pulcra puerta de caoba vieja, de la morgue del hospital regional. Un lugar bastante frío y húmedo, piso de baldosas blancas hasta el techo que con el tiempo se volvieron amarillentas. Las viejas lámparas le daban su toque tétrico, solía perder la fuerza de repente o ponerse a parpadear. Iban con el sitio, eso no se podía negar.
A su vez sonaba de fondo la radio, era Please Mr. Postman de The Marvelettes un tanto metalizado, debido a que la radio ya llevaba sus años ahí en ese sitio, produciendo su eco característico. A Luis le gustaba algo de buen rock and roll de principios de los años 60s a los 70s. Solía decirle a todos sus amigos y conocidos que fue la mejor época para la música popular, no era nada que alguien se atreviera a contrariarlo, si no quería meterse en algún tipo de lío y que Luis le diera aquellos sermones de media hora, sobre las ruidosas que se oían las distorsiones de hoy en día. Y lo malo que tocaban la guitarra, tenía un singular gusto que acompañaba todas sus guardias ya hace unos cuantos años. Sin lugar a duda un sujeto que no pertenece mucho a esta época y estoy seguro de que muchos de sus conocidos lo pensaban también.
Era un médico forense de unos 36 años aproximadamente, pero las canas y las arrugas lo hacían aparentar mucho más. Pálido, flacucho y de casi uno ochenta de alto, daba mucha impresión, hasta aparentaba a alguno de los cadáveres de ahí, que habían cobrado vida y de esa forma habiendo tomado la decisión de salir de su contenedor. Haciéndose pasar por uno de los trabajadores del sitio, al mejor estilo “Frankenstein o el moderno Prometeo”. Llevaba una bata amarillenta que combinaba con su tono de piel bastante anémico, con ojeras que aumentaban su tamaño gracias a la graduación extravagante de las gruesas gafas fondo de botella. Respiraba con una clara dificultad, debido a los años fumando cajetillas de cigarro de mala calidad, desde la facultad de medicina con tan solo 18 años hasta los días de hoy. Ese veneno ya le estaba comenzando a pasar la factura, se agitaba y perdía el aliento con gran facilidad.
Mientras recordaba esa maldita maldición del tabaco, la voz de la estridente Georgeanna Tillman se corta para dar paso al clásico pronóstico del clima.
- Gracias por escucharnos en esta tarde tan lluviosa. Somos la FM 868 la radio de los mejores éxitos del rock de los 60s y que nunca se van a olvidar. - Menciona el sujeto de la voz chillona de la emisora que Luis solía escuchar. - Ahora les dejo con mi gran amigo Gabo, quien les trae el pronóstico del clima para esta noche y los próximos días.
- Gracias Rafa, espero que todos nuestros oyentes se encuentren bajo un techo porque la lluvia no va a parar. Parece que tenemos un diluvio en la ciudad esta noche. Según inumet tenemos alerta naranja para este y los próximos días, tenemos tormentas fuertes y lluvias intensas para el norte del país. Es una perturbación atmosférica asociada a masa de aire húmedo e inestable, generando tormentas, algunas puntualmente muy fuertes. Por lo que recomendamos a todos nuestros oyentes que pasen en un lugar seguro esta noche, bajo abrigo claro. - Dijo el locutor ya con una voz más seria. - Seguimos con vos Rafa y con la mejor música de los 60s.
- Si, ya lo oyeron a tener cuidado esta noche. Ahora seguimos con el gran Little Richard con Long Tall Sally para mover esta noche lluviosa, que no decaiga, gente querida, que no decaiga.
Luego de prestarle la poca atención que le estaba dando a la radio, Luis paró de escribir y llevó las manos hacia el rostro, un tanto tenso por lo que había escuchado recién. Detestaba tener que estar en ese sitio, una noche tan movida, con tantos cadáveres. No le agradaba para nada la idea de una tormenta de esas magnitudes, estando solo todo el turno de la noche. Aunque no tenía nada que hacer, pero la sola sensación de estar rodeado de cuerpos metidos en compartimientos en la famosa sala fría para conservarlos hasta que el de la funeraria se los llevara, no le gustaba para nada.
- Por favor, qué maldito chiste. - Murmuró ojeando la gran puerta de la sala fría.
A su vez sonaba de fondo la radio, era Please Mr. Postman de The Marvelettes un tanto metalizado, debido a que la radio ya llevaba sus años ahí en ese sitio, produciendo su eco característico. A Luis le gustaba algo de buen rock and roll de principios de los años 60s a los 70s. Solía decirle a todos sus amigos y conocidos que fue la mejor época para la música popular, no era nada que alguien se atreviera a contrariarlo, si no quería meterse en algún tipo de lío y que Luis le diera aquellos sermones de media hora, sobre las ruidosas que se oían las distorsiones de hoy en día. Y lo malo que tocaban la guitarra, tenía un singular gusto que acompañaba todas sus guardias ya hace unos cuantos años. Sin lugar a duda un sujeto que no pertenece mucho a esta época y estoy seguro de que muchos de sus conocidos lo pensaban también.
Era un médico forense de unos 36 años aproximadamente, pero las canas y las arrugas lo hacían aparentar mucho más. Pálido, flacucho y de casi uno ochenta de alto, daba mucha impresión, hasta aparentaba a alguno de los cadáveres de ahí, que habían cobrado vida y de esa forma habiendo tomado la decisión de salir de su contenedor. Haciéndose pasar por uno de los trabajadores del sitio, al mejor estilo “Frankenstein o el moderno Prometeo”. Llevaba una bata amarillenta que combinaba con su tono de piel bastante anémico, con ojeras que aumentaban su tamaño gracias a la graduación extravagante de las gruesas gafas fondo de botella. Respiraba con una clara dificultad, debido a los años fumando cajetillas de cigarro de mala calidad, desde la facultad de medicina con tan solo 18 años hasta los días de hoy. Ese veneno ya le estaba comenzando a pasar la factura, se agitaba y perdía el aliento con gran facilidad.
Mientras recordaba esa maldita maldición del tabaco, la voz de la estridente Georgeanna Tillman se corta para dar paso al clásico pronóstico del clima.
- Gracias por escucharnos en esta tarde tan lluviosa. Somos la FM 868 la radio de los mejores éxitos del rock de los 60s y que nunca se van a olvidar. - Menciona el sujeto de la voz chillona de la emisora que Luis solía escuchar. - Ahora les dejo con mi gran amigo Gabo, quien les trae el pronóstico del clima para esta noche y los próximos días.
- Gracias Rafa, espero que todos nuestros oyentes se encuentren bajo un techo porque la lluvia no va a parar. Parece que tenemos un diluvio en la ciudad esta noche. Según inumet tenemos alerta naranja para este y los próximos días, tenemos tormentas fuertes y lluvias intensas para el norte del país. Es una perturbación atmosférica asociada a masa de aire húmedo e inestable, generando tormentas, algunas puntualmente muy fuertes. Por lo que recomendamos a todos nuestros oyentes que pasen en un lugar seguro esta noche, bajo abrigo claro. - Dijo el locutor ya con una voz más seria. - Seguimos con vos Rafa y con la mejor música de los 60s.
- Si, ya lo oyeron a tener cuidado esta noche. Ahora seguimos con el gran Little Richard con Long Tall Sally para mover esta noche lluviosa, que no decaiga, gente querida, que no decaiga.
Luego de prestarle la poca atención que le estaba dando a la radio, Luis paró de escribir y llevó las manos hacia el rostro, un tanto tenso por lo que había escuchado recién. Detestaba tener que estar en ese sitio, una noche tan movida, con tantos cadáveres. No le agradaba para nada la idea de una tormenta de esas magnitudes, estando solo todo el turno de la noche. Aunque no tenía nada que hacer, pero la sola sensación de estar rodeado de cuerpos metidos en compartimientos en la famosa sala fría para conservarlos hasta que el de la funeraria se los llevara, no le gustaba para nada.
- Por favor, qué maldito chiste. - Murmuró ojeando la gran puerta de la sala fría.
7.40 pm
Eran las 7 y el viejo reloj Casio digital modelo F-94wa-9 comenzaba con su marca habitual, lo llevaba acompañando tantos años de servicio que no recordaba con claridad dónde se había hecho todas las marcas de arañazo que tenía. Seguro que por los años 90s cuando las calles de la ciudad estaban movidas debido al narcotráfico, o quizás a principios de los 2000. Era algo confuso recordar con todo este tiempo afuera. La lluvia estuvo acompañada por una brisa que hacía que las copas de los árboles se movieran levemente hacia adelante y hacia atrás. Se inclinó hacia adelante, observando por la parte superior del parabrisas delantero, como buscando un origen a aquellas gotas que rebotaban con mayor vehemencia contra su patrulla.
Y luego volvía a reposar la mirada en su café, sobre el plástico color negro mate del tablero de su auto. Intentando contar mentalmente, cuántos años más le faltaban para retirarse. El sargento Hernández reflejaba, en su apariencia, los atareados años de servicio en la policía local. Unas ojeras oscuras e hinchadas por debajo de sus ojos, con pómulos que resaltan a la vista. Bigotón y casi sin pelo. Escondido por la sombra que le hacía la turbia noche cercana al farol de la calle principal. Esperando sosegadamente a terminar su café, sin apuro ninguno.
Había recibido desde base un llamado un tanto extraño. Varios vagabundos que merodeaban por ahí, mientras intentaban buscar refugio de las fuertes lluvias, se toparon en un viejo caserón de uno de los barrios suburbiales del oeste de la ciudad. Con un cadáver de una chica joven, completamente desnuda. La situación les sorprendió tanto que inmediatamente informaron a los vecinos para que llamaran a la policía.
Demasiadas vueltas se habían dado en su cabeza de camino al local de los hechos, rememorando la última vez que algo similar había ocurrido en la ciudad. O tal vez nunca había pasado. No era tan grande como para que cosas como esa pasen, un hecho muy fuera de lo habitual. Máximo algún lío entre vecinos, alguna discusión familiar o un robo. Nada que llevara a un asesinato premeditado de alguna joven chica. Todos se conocían y extraños rodeando la ciudad en los últimos tiempos no había. Estaba demasiado confundido esa noche como para buscarle algo de sentido. Se tomó todo el tiempo del mundo, otros agentes ya estaban en el lugar de los hechos. Por lo que una presencia más, daba igual. Y más de un sujeto como Hernández que no era muy querido por todos los demás agentes en la seccional.
Un agente chapado a la antigua, alcohólico y extremadamente violento. No era sitio para él, donde todos hoy en día llevaban cámaras de alta definición en sus teléfonos. Ya tenía unas cuantas denuncias por abuso de autoridad en alguna que otra detención, más de una vez estuvo por perder su empleo. zTranquilamente, dio su último sorbo y decidió dar las caras por el lugar. Se puso su capa de agua y salió del vehículo, dando un portazo. Paso tras paso bajo la lluvia llegó en frente a la casa.
Un viejo caserón, tal vez de siglo anterior, no lograba ordenar sus pensamientos como para deducir que carajos podría ser. Rodeado de agentes, que previamente habían acordonado la zona para que ningún curioso llegara a molestar la labor de los oficiales. Uno de ellos, lo reconoció y le abrió la puerta, siguiéndolo con la mirada. Eh indicando hacia qué habitación debería dirigirse.
Al llegar al fondo de la casa se encontró con algunas caras más conocidas. Agentes de técnica, vestidos con un overol blanco para no alterar la zona del crimen. Le pidieron que utilizara una de esas típicas fundas de zapatos para no marcar nada. Y luego se acercó a uno de ellos.
- ¿Qué tenemos aquí? Rodríguez. – Mencionó por la espalda de uno de los especialistas.
- ¿Cómo estás, Hernández? Te veo cansado. – Expuso seguido de una leve sonrisa.
- Lo habitual.
- Pues aquí no tanto. – Dijo exaltando con un suspiro, al volver con la mirada hacia el cadáver. - Unos vagabundos que merodeaban por la zona se encontraron con esta chica… Lamentable.
- Sí y parece tan joven. – Menciona Hernández cruzándose los brazos.
- De tal vez unos 20 a 25 años. - Mientras se agachaba para señalar a Hernández las marcas. – Desnuda, sin rastros por ninguna parte de su ropa. Tiene marcas en las muñecas, en los pies y en el cuello. Seguramente fue maniatada y asfixiada hasta la muerte. No presenta ninguna señal de forcejeo. Estuvo estática todo el tiempo. Algo muy extraño. Ninguna señal de posible lucha, nada en las uñas de las manos.
- ¿Y en el local? – Pregunta incrédulo, ojeando lentamente la habitación donde se encontraba.
- Nada, parece que por arte de magia la depositaron en este local, con las manos entrecruzadas sobre el pecho. – Menciona entre tanta gira la cabeza en señal de negación. – Ni un rastro de pisadas. Con el luminol no encontramos nada de sangre, ni rastros de algún otro fluido. Hay que esperar a lo que dice el forense. Es lo que tengo por ahora Hernández. ¿Qué te parece que podría ser?
- Es extraño, no se me ocurre nada. ¿Puede que el cadáver lo hayan puesto ahí, luego de su muerte y limpiado la zona? – Planteó observándose seriamente.
- Es algo reciente, no presenta ningún signo postmortem. Es blanca como la porcelana, salvo las marcas que te mencione.
- Si ya veo, se lo tendré que llevar a Luis a ver qué me dice. Gracias Rodríguez, nos vemos luego. – Sostuvo a la vez que le palmeaba el hombro.
Se quedó unos minutos observando, analizando e intentando deducir los hechos de este crimen. Nada que se le figuraba en años anteriores le podía acercar a una conclusión medianamente aceptable y lógica, por supuesto. No era nada lógica, que no existieran rastros de forcejeo, de lucha por su vida, de marcas en la zona. Cómo sería posible que un cuerpo por arte de magia apareciera en ese lugar. Donde estaban las sogas que la tenían presa en sus últimos minutos de vida. Hernández se retorcía intentando darle algo de sentido.
No le quedó más que indicarle a otro de los técnicos que estaban en el local que la pusieran en una de esas bolsas para cadáveres grises, para así, llevarla hacia el forense de turno. Conocía a Luis, el médico forense de ya algunos años, en muchas oportunidades le había tocado llevarle algunos cuerpos de otros casos. Generalmente de accidentes en la deteriorada ruta que daba de acceso a la ciudad. Pero esta vez, se trataba de otra cosa. De un caso muy distinto que choques violentos entre vehículos, o animales que bruscamente se metían a la ruta, provocando una fatalidad.
Entró en su patrulla y espero que la camioneta va de la técnica se pusiera en marcha para así emprender el camino hacia el hospital general.
- Maldita lluvia, se podría ser más inoportuno. – Manifestó mientras intentaba limpiar el parabrisas de la condensación con su mano.
9.30 pm
Mientras el viento chocaba bruscamente contra el portal de la entrada hacia la morgue. Luis observaba casi hipnotizado por el tic tac del reloj de pared. Eran las 9.30 de la noche y desde que había comenzado su guardia, no había despegado el culo de la silla. Los informes de trabajos previos le estaban llevando ya más de 3 horas en ese escritorio, sentía que la luz de la habitación le estaba machacando la vista. No lograba concentrarse del todo, por lo que el reloj de pared se volvió su despegue del mundo físico. Volvía a contar las horas, los minutos y tal vez hasta los segundos para que terminara esa fastidiosa guardia. La radio seguía sonando en la misma emisora, pero esta vez con Light My Fire con la voz del gran Jim Morrison líder de los The Doors.
Cuando volvió a tomar la plumilla, escuchó en el pasillo oscuro como al fondo alguien abría una de las puertas previa a las de la única entrada a la morgue. Luis por fin se había despegado de esa maldita silla. Levantó la mirada curiosa, pero no lograba ver nada, estaba todo pagado.
- Qué diablos. - Murmuró forzando la vista un poco, a la vez que escuchaba un murmullo entremezclado con la música latosa de la vieja radio.
Vio como una de las luces del pasillo se encendía, alcanzando a ver algunos uniformados llevando una de esas bolsas para cadáveres en una camilla y se dirigen hacia su dirección. Cuando los sujetos llegaron hasta la puerta de su sala, se percató que uno de ellos era su amigo, Hernández. De pronto cambió por completo el rostro de Luis, llegó a esbozar una sonrisa.
Hernández y él llevaban un tiempo muy largo de servicio. No se acordaba cuando fue que lo conoció. Tal vez en los extraños suicidios de la Casa Rodríguez en el 2003, no recordaba exactamente cuándo fue. Pero llevaba años viendo ese extravagante bigote, eso si, no lo dudaba.
- No esperaba verte por aquí, con estos tiempos locos que tenemos. - Declaró Luis en tanto que seguía con esa sonrisa.
- Pues sí, una linda noche para encontrarse con un cadáver. - Dijo el sargento Hernández
- Me imagino.
- Esta calma la guardó, supongo. - Mencionó a la vez se quitaba el sombrero. - Te traje algo para hacerte compañía, Luis.
- Si ya veo, pasen. - Manifestó a la vez que hacía un ademán a los uniformados. - Pónganlo sobre esa mesa de lavado, vamos a ver que tenemos aquí.
En el momento en que policías depositaban la bolsa sobre la mesa, el Sargento Hernández le contaba lo sucedido.
- Nos encontramos con una chica en extrañas condiciones, desnuda en una peculiar posición, bastante inusual debería decir. No hay marcas de forcejeo, ninguna lesión grave a simple vista. Salvo el de las muñecas y el cuello.
- Si ya veo. - Exclamó Luis entre tanto quitaba el cuerpo de la bolsa y notaba lo bella que era esa extraña chica.
Era muy pálida, pelo castaño y largo. Aún llevaba los labios pintados de un leve rojo escarlata. Luis no entendía por qué, pero algo de ella le era muy atractivo. Tal vez por su piel terciopelo, o por su perfecta desnudez, eran curvas que perturban al extraño forense.
- Necesito saber algo de ella para mañana, por la mañana, si es posible. Sé que tú eres el mejor en esto. - Le dijo Hernández - Los voy a dejar a solas, para que se conozcan, nos vemos mañana campeón.
- Si, si si. Mañana tendrás tu informe a primera hora. - Murmuraba a la vez que se ajustaba las gafas.
- Muy bien. - Sostuvo Hernández dándole una leve palmada amistosa en el hombro.
Se quedó observándola por unos minutos, en tanto que los agentes volvían por el largo pasillo. Era demasiado extraña su atracción repentina por aquella chica, ya había visto muchos cuerpos a lo largo de su carrera. Pero solo a este le llamaba la atención de una forma que él no lo entendía. Puede que esté quedando loco, este no era un estilo de vida para personas con un juicio razonable. Había visto cosas que a cualquiera le hubieran provocado náuseas y perturbado por el resto de la vida. La carrera de un forense de larga data no era para nada simple.
Mientras el viento chocaba bruscamente contra el portal de la entrada hacia la morgue. Luis observaba casi hipnotizado por el tic tac del reloj de pared. Eran las 9.30 de la noche y desde que había comenzado su guardia, no había despegado el culo de la silla. Los informes de trabajos previos le estaban llevando ya más de 3 horas en ese escritorio, sentía que la luz de la habitación le estaba machacando la vista. No lograba concentrarse del todo, por lo que el reloj de pared se volvió su despegue del mundo físico. Volvía a contar las horas, los minutos y tal vez hasta los segundos para que terminara esa fastidiosa guardia. La radio seguía sonando en la misma emisora, pero esta vez con Light My Fire con la voz del gran Jim Morrison líder de los The Doors.
Cuando volvió a tomar la plumilla, escuchó en el pasillo oscuro como al fondo alguien abría una de las puertas previa a las de la única entrada a la morgue. Luis por fin se había despegado de esa maldita silla. Levantó la mirada curiosa, pero no lograba ver nada, estaba todo pagado.
- Qué diablos. - Murmuró forzando la vista un poco, a la vez que escuchaba un murmullo entremezclado con la música latosa de la vieja radio.
Vio como una de las luces del pasillo se encendía, alcanzando a ver algunos uniformados llevando una de esas bolsas para cadáveres en una camilla y se dirigen hacia su dirección. Cuando los sujetos llegaron hasta la puerta de su sala, se percató que uno de ellos era su amigo, Hernández. De pronto cambió por completo el rostro de Luis, llegó a esbozar una sonrisa.
Hernández y él llevaban un tiempo muy largo de servicio. No se acordaba cuando fue que lo conoció. Tal vez en los extraños suicidios de la Casa Rodríguez en el 2003, no recordaba exactamente cuándo fue. Pero llevaba años viendo ese extravagante bigote, eso si, no lo dudaba.
- No esperaba verte por aquí, con estos tiempos locos que tenemos. - Declaró Luis en tanto que seguía con esa sonrisa.
- Pues sí, una linda noche para encontrarse con un cadáver. - Dijo el sargento Hernández
- Me imagino.
- Esta calma la guardó, supongo. - Mencionó a la vez se quitaba el sombrero. - Te traje algo para hacerte compañía, Luis.
- Si ya veo, pasen. - Manifestó a la vez que hacía un ademán a los uniformados. - Pónganlo sobre esa mesa de lavado, vamos a ver que tenemos aquí.
En el momento en que policías depositaban la bolsa sobre la mesa, el Sargento Hernández le contaba lo sucedido.
- Nos encontramos con una chica en extrañas condiciones, desnuda en una peculiar posición, bastante inusual debería decir. No hay marcas de forcejeo, ninguna lesión grave a simple vista. Salvo el de las muñecas y el cuello.
- Si ya veo. - Exclamó Luis entre tanto quitaba el cuerpo de la bolsa y notaba lo bella que era esa extraña chica.
Era muy pálida, pelo castaño y largo. Aún llevaba los labios pintados de un leve rojo escarlata. Luis no entendía por qué, pero algo de ella le era muy atractivo. Tal vez por su piel terciopelo, o por su perfecta desnudez, eran curvas que perturban al extraño forense.
- Necesito saber algo de ella para mañana, por la mañana, si es posible. Sé que tú eres el mejor en esto. - Le dijo Hernández - Los voy a dejar a solas, para que se conozcan, nos vemos mañana campeón.
- Si, si si. Mañana tendrás tu informe a primera hora. - Murmuraba a la vez que se ajustaba las gafas.
- Muy bien. - Sostuvo Hernández dándole una leve palmada amistosa en el hombro.
Se quedó observándola por unos minutos, en tanto que los agentes volvían por el largo pasillo. Era demasiado extraña su atracción repentina por aquella chica, ya había visto muchos cuerpos a lo largo de su carrera. Pero solo a este le llamaba la atención de una forma que él no lo entendía. Puede que esté quedando loco, este no era un estilo de vida para personas con un juicio razonable. Había visto cosas que a cualquiera le hubieran provocado náuseas y perturbado por el resto de la vida. La carrera de un forense de larga data no era para nada simple.
10.45 pm
La radio seguía con esa ruidosa emisora, pero esta vez le tocaba a la grandiosa Janis Joplin con Piece of My Heart. En un ritmo ensordecedor mientras Luis preparaba los instrumentos para la autopsia. Uno tras otro los iba dejando sobre la mesa que estaba al costado de la camilla de acero inoxidable donde se encontraba postrada ella. Eran las 10.45 de la noche y no había comenzado aún, se tomó su tiempo para hacer su labor. Y más en un caso de un supuesto crimen.
Apoyó sus manos en el borde, sintiendo el frío metalizado de la camilla y a su vez observándola directamente. Seguía hipnotizado, pero con una mayor cordura que antes.
- Dime que te paso. - Expuso en tanto, la observaba y arrimaba un gran foco similar a aquellos que solemos ver en los salones de consulta de cualquier médico o dentista.
Comenzó a examinar su cuerpo, desde la cabeza, observando las cavidades nasales. Tenía una pequeña nariz puntiaguda cuasi perfecta. Luis no dejaba de pensar en lo cuan hermosa era esa chica. Luego se dirigió a la boca, si era el tiempo de examinar su boca. Tocó levemente sus labios con la yema de los dedos, a pesar de que llevaba guantes de látex, podía sentirla perfectamente. Esa suavidad que predominaba es toda su figura, esa delicadeza, esa fragilidad. Completamente indefensa. Abrió su boca lentamente y noto la extraña formación de su dentadura, tenía los caninos más desarrollados de lo normal. Su lengua y su paladar estaban manchados de un rojo un tanto extraño, para una persona que lleva horas muerta.
Volvió a cerrar su boca y se concentró en la nuca, buscando algún tipo de contusión, alguna señal de algo que le diera algo de luz en este misterioso caso. No encontró nada, pero se deparó con la peculiar forma de sus orejas, tendían a ser puntiagudas en su hélix. Tal vez debido a alguna malformación genética, lo cierto es que eran muy peculiares. Pero no le dejaba de ser atractivo todos sus rasgos, esa cierta fascinación hipnótica no lo dejaba pensar en otra cosa, estaba comenzando a molestar.
Deslizó su mano por su delgado cuello, sin perturbar el camino que recorría la yugular. Tenía marcas de una posible soga que rodeaba su garganta y que había dejado una marca púrpura en toda aquella palidez. Esta pobre chica, tan indefensa, había sufrido algún tipo de asfixia hasta su lecho de muerte. No dejaba de imaginarse los minutos sofocantes previos, la falta del preciado oxígeno mientras luchaba por su vida. Esto le provocaba una sensación de malestar.
Revisó el resto del cuerpo, continuó deslizando su mano por sus pequeños pechos, pasando por su delgado estómago y pelvis, hasta sus piernas y luego volvió a los brazos. Llegando con sus manos a la marca de su muñeca. Era similar a la del cuello y también a la de los tobillos. Pero este tenía leves marcas de forcejeo, intentó escaparse de sus ataduras y no lo logró. Sus uñas no tienen ningún rastro de residuo, pero de todos modos tomó una muestra para analizarlas luego.
La lluvia comenzaba a arreciar más y más. El viento desde las últimas horas había aumentado su vigor y la luz del salón empezaba a titilar al juguetón ritmo de los relámpagos. Luis sabía que debía de darse prisa si quería entregar el informe a tiempo. Faltaba aún redactarlo, por lo que debería de agilizar la marcha.
Ahora debía de revisar los órganos internos. En lo más profundo de su ser sentía que ella aún podía percibir todo, por lo que estaba evitando hacerle algún tipo de daño, era una muestra de alguna extraña forma de aprecio. Tomó el bisturí y automáticamente empezó a oscilar su mano, lo había hecho cientos de veces en todos estos años. Se quedó sorprendido frente a esa reacción.
Luego volvió a concentrarse y presionó profundo contra su desnudo pecho, haciendo una incisión en la que continuó formando una “Y” en todo su torso. Se detuvo a la altura del ombligo y la observó directamente al pálido rostro, pidiendo, de alguna forma que no entendía, disculpas por lo que estaba haciendo a esa extraña chica. Apartó su piel dejando a descubierto su esternón y costillas.
Se dirigió a la pequeña mesa donde estaban todos los instrumentos y tomó el costotomo para comenzar a seccionar las costillas una por una. Rompiéndolas como si de un pequeño hueso de pollo se tratase. Luego que terminó de liberar la caja torácica, levantó con una mano el hueso del esternón dejando en evidencia los órganos internos.
Luis sintió como su cuerpo se entumece repentinamente, los órganos de aquella chica, tenía un raro tono grisáceo a diferencia del corazón, que se encontraba con un fuerte color escarlata. Lo tomó con las manos y sintió…
La radio seguía con esa ruidosa emisora, pero esta vez le tocaba a la grandiosa Janis Joplin con Piece of My Heart. En un ritmo ensordecedor mientras Luis preparaba los instrumentos para la autopsia. Uno tras otro los iba dejando sobre la mesa que estaba al costado de la camilla de acero inoxidable donde se encontraba postrada ella. Eran las 10.45 de la noche y no había comenzado aún, se tomó su tiempo para hacer su labor. Y más en un caso de un supuesto crimen.
Apoyó sus manos en el borde, sintiendo el frío metalizado de la camilla y a su vez observándola directamente. Seguía hipnotizado, pero con una mayor cordura que antes.
- Dime que te paso. - Expuso en tanto, la observaba y arrimaba un gran foco similar a aquellos que solemos ver en los salones de consulta de cualquier médico o dentista.
Comenzó a examinar su cuerpo, desde la cabeza, observando las cavidades nasales. Tenía una pequeña nariz puntiaguda cuasi perfecta. Luis no dejaba de pensar en lo cuan hermosa era esa chica. Luego se dirigió a la boca, si era el tiempo de examinar su boca. Tocó levemente sus labios con la yema de los dedos, a pesar de que llevaba guantes de látex, podía sentirla perfectamente. Esa suavidad que predominaba es toda su figura, esa delicadeza, esa fragilidad. Completamente indefensa. Abrió su boca lentamente y noto la extraña formación de su dentadura, tenía los caninos más desarrollados de lo normal. Su lengua y su paladar estaban manchados de un rojo un tanto extraño, para una persona que lleva horas muerta.
Volvió a cerrar su boca y se concentró en la nuca, buscando algún tipo de contusión, alguna señal de algo que le diera algo de luz en este misterioso caso. No encontró nada, pero se deparó con la peculiar forma de sus orejas, tendían a ser puntiagudas en su hélix. Tal vez debido a alguna malformación genética, lo cierto es que eran muy peculiares. Pero no le dejaba de ser atractivo todos sus rasgos, esa cierta fascinación hipnótica no lo dejaba pensar en otra cosa, estaba comenzando a molestar.
Deslizó su mano por su delgado cuello, sin perturbar el camino que recorría la yugular. Tenía marcas de una posible soga que rodeaba su garganta y que había dejado una marca púrpura en toda aquella palidez. Esta pobre chica, tan indefensa, había sufrido algún tipo de asfixia hasta su lecho de muerte. No dejaba de imaginarse los minutos sofocantes previos, la falta del preciado oxígeno mientras luchaba por su vida. Esto le provocaba una sensación de malestar.
Revisó el resto del cuerpo, continuó deslizando su mano por sus pequeños pechos, pasando por su delgado estómago y pelvis, hasta sus piernas y luego volvió a los brazos. Llegando con sus manos a la marca de su muñeca. Era similar a la del cuello y también a la de los tobillos. Pero este tenía leves marcas de forcejeo, intentó escaparse de sus ataduras y no lo logró. Sus uñas no tienen ningún rastro de residuo, pero de todos modos tomó una muestra para analizarlas luego.
La lluvia comenzaba a arreciar más y más. El viento desde las últimas horas había aumentado su vigor y la luz del salón empezaba a titilar al juguetón ritmo de los relámpagos. Luis sabía que debía de darse prisa si quería entregar el informe a tiempo. Faltaba aún redactarlo, por lo que debería de agilizar la marcha.
Ahora debía de revisar los órganos internos. En lo más profundo de su ser sentía que ella aún podía percibir todo, por lo que estaba evitando hacerle algún tipo de daño, era una muestra de alguna extraña forma de aprecio. Tomó el bisturí y automáticamente empezó a oscilar su mano, lo había hecho cientos de veces en todos estos años. Se quedó sorprendido frente a esa reacción.
Luego volvió a concentrarse y presionó profundo contra su desnudo pecho, haciendo una incisión en la que continuó formando una “Y” en todo su torso. Se detuvo a la altura del ombligo y la observó directamente al pálido rostro, pidiendo, de alguna forma que no entendía, disculpas por lo que estaba haciendo a esa extraña chica. Apartó su piel dejando a descubierto su esternón y costillas.
Se dirigió a la pequeña mesa donde estaban todos los instrumentos y tomó el costotomo para comenzar a seccionar las costillas una por una. Rompiéndolas como si de un pequeño hueso de pollo se tratase. Luego que terminó de liberar la caja torácica, levantó con una mano el hueso del esternón dejando en evidencia los órganos internos.
Luis sintió como su cuerpo se entumece repentinamente, los órganos de aquella chica, tenía un raro tono grisáceo a diferencia del corazón, que se encontraba con un fuerte color escarlata. Lo tomó con las manos y sintió…
Aún se encontraba tibio y reparó como daba un lento latido, intentando bombear algo de sangre de su cavidad. Produciéndole un terror absoluto, era imposible, esto no podía estar pasando luego de tantas horas. Procuraba darle algún sentido, era un maldito cadáver.
Esa misma sensación de espanto le generó que se resbalara de las manos, a la vez que le provocara retroceder unos cuantos pasos chocando contra la mesa de instrumentos y golpeándose fuertemente contra el duro piso.
11.59 pm
Al cabo de unos minutos retomó poco a poco la noción de la realidad, el mundo le daba vueltas y se sentía muy cansado, extrañamente. Se había desmayado, no tenía noción de cuánto tiempo llevaba así. Notó rápidamente que no llevaba las gafas puestas, así que tuvo que ir manoteando hasta encontrarlas. Torpemente, chocaba sus manos con las herramientas que se habían dispersado luego de la caída. Pero también noto un leve dolor en el cuello que le dificultaba la movilidad. A medida que se arrastraba como podía, sentía como unos misteriosos pasos, poco a poco, se acercaban hacia él.
- ¿Haaay aaalguien ahiiií?. - Dijo temeroso mientras seguía buscando sus gafas, intentando forzar de alguna manera la vista para ver más allá de una sombra, de esa sombra misteriosa que continuaba acercándose. - Puuuedo vertttte… seas quien seas.
-Déjame ayudarte. -Verbalizo, en una cálida voz femenina. - Aquí tienes tus gafas.
Cuando logró colocarse pudo observar con mayor nitidez quién era. Alarmado se puso de pie, era la chica que hace unos minutos estaba sobre la mesa de autopsias. Desnuda como la había observado por última vez, pero no llevaba ninguna clase de marca. Aquella incisión en forma de “Y” no estaba, por arte de magia se había desvanecido.
Intentaba dirigir su nerviosismo, tomó una de sus manos para controlar el temblor, aunque le fuese casi imposible. Procuraba decirse que esto no era más que un mal sueño, eso tendría que ser.
- El que coma de mi carne y beba de mi sangre tendrá vida eterna y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. - Enunció aquella hipnotizante voz mientras caminaba lentamente hacia Luis.
Dejándose llevar por una sensación de absoluta confianza y sumisión. Era reconfortante, casi atraído incondicionalmente por aquella chica, por aquel cuerpo. De pronto todo aquel nerviosismo y miedo había desaparecido. Mientras aquella bestia se acercaba a su cuello para hundir sus colmillos nuevamente en su carne y alimentarse de su sangre. Luis estaba bien, una absoluta seguridad lo dominaba. Estaba completamente convencido de que se haría uno con la bestia, pronto estaría libre de sus ataduras mortales.
Sonaba el tic tac del reloj de pared, era la medianoche…
- ¿Haaay aaalguien ahiiií?. - Dijo temeroso mientras seguía buscando sus gafas, intentando forzar de alguna manera la vista para ver más allá de una sombra, de esa sombra misteriosa que continuaba acercándose. - Puuuedo vertttte… seas quien seas.
-Déjame ayudarte. -Verbalizo, en una cálida voz femenina. - Aquí tienes tus gafas.
Cuando logró colocarse pudo observar con mayor nitidez quién era. Alarmado se puso de pie, era la chica que hace unos minutos estaba sobre la mesa de autopsias. Desnuda como la había observado por última vez, pero no llevaba ninguna clase de marca. Aquella incisión en forma de “Y” no estaba, por arte de magia se había desvanecido.
Intentaba dirigir su nerviosismo, tomó una de sus manos para controlar el temblor, aunque le fuese casi imposible. Procuraba decirse que esto no era más que un mal sueño, eso tendría que ser.
- El que coma de mi carne y beba de mi sangre tendrá vida eterna y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. - Enunció aquella hipnotizante voz mientras caminaba lentamente hacia Luis.
Dejándose llevar por una sensación de absoluta confianza y sumisión. Era reconfortante, casi atraído incondicionalmente por aquella chica, por aquel cuerpo. De pronto todo aquel nerviosismo y miedo había desaparecido. Mientras aquella bestia se acercaba a su cuello para hundir sus colmillos nuevamente en su carne y alimentarse de su sangre. Luis estaba bien, una absoluta seguridad lo dominaba. Estaba completamente convencido de que se haría uno con la bestia, pronto estaría libre de sus ataduras mortales.
Sonaba el tic tac del reloj de pared, era la medianoche…
G.Zaballa

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