Relato V - El pequeño héroe
Relatos de héroes abundan país a dentro, hazañas de personas que entregaron su propia integridad para ayudar o salvar una vida, merecen ser recordadas desde este pequeño rincón. Y este relato, en especial, la de un pequeño niño que logró hacer lo impensable para salvar la vida de su hermanita, aun en una situación desgarradora.
La historia del pequeño héroe del arroyo del oro. Una muestra de coraje infantil que hasta ahora perdura en el tiempo. Dionisio Díaz, una de las más conocidas que tiene su cuota de tragedia familiar y su cuota de leyenda, por qué no.
Allá por la década de los 20, en el Uruguay profundo que a todos nos llama la atención, se da un hecho que por aquellas épocas se volvió tendencia en los periódicos montevideanos tradicionales, quizás por el morbo o por la sorprendente hazaña de ese niño. En un pequeño poblado de trabajadores rurales, bien en el medio del departamento de treinta y tres. Una localidad que estaba dominada de ranchos de barro y paja. Casi sin rastro de una civilización cercana.
Dionisio vivía con su madre, María, su pequeña media hermana, Marina y su abuelo Juan, un carrero y trabajador del campo, que poco a poco veía que su oficio era desplazado por el tren y los nuevos medios de transporte de comienzos del siglo XX. Cosa que lo dejaba amargado por no poder llevar ganancias a su familia.
En ese hogar también vivía el tío Eduardo, un hijo político del viejo Juan Díaz. Pero no fue hasta 9 años después del nacimiento de Dionisio, donde esta trágica historia comienza, muchas versiones orales dicen que fue durante su cumpleaños. Otros que era una fiesta donde vecinos de la cercanía, se encontraban presentes.
Las incongruencias, aunque doten de riqueza al relato, son un problema al contarlo, ya que a medida que pasan los años cambian. Por eso esta breve historia se basa en los documentos oficiales, que siguen eternos al tiempo.
Se dice que, en ese día, mientras se festejaba, aparece una persona cercana a la familia, pero que tenía problemas muy fuertes con el abuelo, don Juan. Un señor llamado Luis Ramos, quien decía ser padre biológico de la hermana de Dionisio. Juan no deseaba que este sujeto se acercara a su hija y a su nieta. Ya que siempre tuvo problemas de negocios con la familia de este sujeto. Por lo tanto, las discusiones fueron el tema más recurrente.
Testimonios de la época describen a Don Juan como una persona muy cayada, hasta dicen que el mismo, había hecho parte en el registro civil de nacimiento de Dionisio. Puesto que ese niño le sacaba una que otra alegría. Pero esto no impedía que una combinación de desastres desencadenados como la presencia de Luis en su casa, la desaparición de su único oficio, problemas que hacían que el viejo Don Juan Díaz se transformara en una persona explosiva y violenta.
En una mañana después del festejo, el abuelo irrumpe de rabia repentina en la habitación que, según dicen las lenguas de aquel entonces, se encontraba María y la niña que dormían en el piso. Tal vez motivado por la relación desaprobada de su hija y ese sujeto tan odiado por Juan. Tomó un viejo cuchillo de campo, filoso y acostumbrado a cortar el cuero de vacas en faenas. Emprendiendo con furia contra su propia hija, atacándola de forma sorpresiva sobre su cuerpo en reposo, clavándole la filosa daga en la espalda repetidamente.
Ella, al sentir esas punzadas calientes, con desespero se levanta y como toda madre. Su primer instinto fue proteger a la pequeña que estaba a su lado, llevando un profundo corte sobre el estómago que llegaba a los órganos, con dolor se echó hacia atrás dejando reposar su cuerpo casi muerto sobre el barandal de la cuna de su pequeña hija.
Dionisio, que se encontraba afuera de la habitación, escucha los gritos de desespero de su madre, entra corriendo y se sorprende como su querido abuelo empuñaba un cuchillo empapado de sangre, babeando, balbuceando palabras sin sentido y con los ojos completamente rojos. Como si de un animal rabioso se tratara.
El niño valiente, intentando proteger a su madre, se interpuso en la discusión. Mientras le grita a Don Juan que parara de lastimarlos. Sintió una quemadura que le pasaba sobre el lado izquierdo hacia el derecho del estómago. Bajó la mirada y observó cómo sus entrañas comenzaban a salirse del corte y con sus pequeñas manos intentó atajarlas sin poder hacer nada más que llorar y quejarse del dolor profundo que sentía.
Esa mezcla de alcohol, soledad y bronca había destruido una familia desde las raíces. La maldad que había caído sobre este pequeño era inimaginable. Los gritos de ambos atrajeron al tío, quien se enredó en una pelea con Juan Díaz para que Dionisio y su pequeña hermana se salvarán. La tomó y se resguardó en el galpón, intentando escapar desesperadamente. Vio que se iba en sangre, tembloroso y sintiendo mucho dolor, rompió una vieja sábana para fajarse el estómago.
Cuando apenas se acercaba la noche, decidió emprender camino hacia la comisaría que se encontraba a unos kilómetros de allí. Volviendo a la casa, con la esperanza de encontrar a alguien con vida, aunque los charcos de sangre le quitaron parte de la confianza. No encontró a su abuelo por ninguna parte, pero sí el cadáver inerte de su madre y su tío que en un gran charco de sangre agonizaba sus últimos minutos de vida.
Emprendió un viaje de 4 horas de caminata campo adentro llevando en brazos a su hermanita, bajo el sol fuerte, sintió como perdía poco a poco la fuerza de las piernas y como sus sentidos le jugaban una mala pasada. Llegando a un paraje cercano, decidió dejar a la pequeña bajo el cuidado de unos vecinos. Como pudo les contó lo que había ocurrido y decidió seguir su viaje hasta el puesto policial. Cuando llegó a él, vio a un joven agente que entre papeleos se sorprendió de ver a un niño tan malherido y con lo único que le quedaba de energía volvió a contar los trágicos hechos.
Lamentablemente, el médico no llegó a tiempo para salvar la vida a este pequeño héroe, terminando con su lamento. Los partes policiales de la época mencionan que luego de la llegada del chico y la trágica muerte, se estableció una búsqueda incansable para localizar a ese abuelo. Pero no fue hasta 3 meses después que lo encontraron, en circunstancias muy extrañas, muerto y sumergido en una zanja cercana.
De este hecho se hablan muchas leyendas, para explicar el porqué de esa furia incontrolable contra su propia familia. Muchos discrepan de la historia oficial, del relato de la policía, o de los testigos. Las dudas sobre el múltiple crimen, que poco se sostiene por presuntos testimonios, da hincapié a teorías como el que el expediente policial oficial desapareció por años y solo se logró recuperar una malgastada fotocopia. O que Dionisio y su hermana no fueran hijos de la familia Díaz. Ya que poseían rasgos únicos, rubios y de ojos celestes rotundamente distintos a los de sus parientes. Sosteniendo la hipótesis de que eran hijos de un acaudalado terrateniente, común en la época, en el que había tenido deslices con María y provocando el disgusto de Don Juan. Entre otros más, en las que relacionan a su abuelo con disputas políticas. Solo el relato y el tiempo, únicos testigos de esta desgracia, lo sabrán.
La historia del pequeño héroe del arroyo del oro. Una muestra de coraje infantil que hasta ahora perdura en el tiempo. Dionisio Díaz, una de las más conocidas que tiene su cuota de tragedia familiar y su cuota de leyenda, por qué no.
Allá por la década de los 20, en el Uruguay profundo que a todos nos llama la atención, se da un hecho que por aquellas épocas se volvió tendencia en los periódicos montevideanos tradicionales, quizás por el morbo o por la sorprendente hazaña de ese niño. En un pequeño poblado de trabajadores rurales, bien en el medio del departamento de treinta y tres. Una localidad que estaba dominada de ranchos de barro y paja. Casi sin rastro de una civilización cercana.
Dionisio vivía con su madre, María, su pequeña media hermana, Marina y su abuelo Juan, un carrero y trabajador del campo, que poco a poco veía que su oficio era desplazado por el tren y los nuevos medios de transporte de comienzos del siglo XX. Cosa que lo dejaba amargado por no poder llevar ganancias a su familia.
En ese hogar también vivía el tío Eduardo, un hijo político del viejo Juan Díaz. Pero no fue hasta 9 años después del nacimiento de Dionisio, donde esta trágica historia comienza, muchas versiones orales dicen que fue durante su cumpleaños. Otros que era una fiesta donde vecinos de la cercanía, se encontraban presentes.
Las incongruencias, aunque doten de riqueza al relato, son un problema al contarlo, ya que a medida que pasan los años cambian. Por eso esta breve historia se basa en los documentos oficiales, que siguen eternos al tiempo.
Se dice que, en ese día, mientras se festejaba, aparece una persona cercana a la familia, pero que tenía problemas muy fuertes con el abuelo, don Juan. Un señor llamado Luis Ramos, quien decía ser padre biológico de la hermana de Dionisio. Juan no deseaba que este sujeto se acercara a su hija y a su nieta. Ya que siempre tuvo problemas de negocios con la familia de este sujeto. Por lo tanto, las discusiones fueron el tema más recurrente.
Testimonios de la época describen a Don Juan como una persona muy cayada, hasta dicen que el mismo, había hecho parte en el registro civil de nacimiento de Dionisio. Puesto que ese niño le sacaba una que otra alegría. Pero esto no impedía que una combinación de desastres desencadenados como la presencia de Luis en su casa, la desaparición de su único oficio, problemas que hacían que el viejo Don Juan Díaz se transformara en una persona explosiva y violenta.
En una mañana después del festejo, el abuelo irrumpe de rabia repentina en la habitación que, según dicen las lenguas de aquel entonces, se encontraba María y la niña que dormían en el piso. Tal vez motivado por la relación desaprobada de su hija y ese sujeto tan odiado por Juan. Tomó un viejo cuchillo de campo, filoso y acostumbrado a cortar el cuero de vacas en faenas. Emprendiendo con furia contra su propia hija, atacándola de forma sorpresiva sobre su cuerpo en reposo, clavándole la filosa daga en la espalda repetidamente.
Ella, al sentir esas punzadas calientes, con desespero se levanta y como toda madre. Su primer instinto fue proteger a la pequeña que estaba a su lado, llevando un profundo corte sobre el estómago que llegaba a los órganos, con dolor se echó hacia atrás dejando reposar su cuerpo casi muerto sobre el barandal de la cuna de su pequeña hija.
Dionisio, que se encontraba afuera de la habitación, escucha los gritos de desespero de su madre, entra corriendo y se sorprende como su querido abuelo empuñaba un cuchillo empapado de sangre, babeando, balbuceando palabras sin sentido y con los ojos completamente rojos. Como si de un animal rabioso se tratara.
El niño valiente, intentando proteger a su madre, se interpuso en la discusión. Mientras le grita a Don Juan que parara de lastimarlos. Sintió una quemadura que le pasaba sobre el lado izquierdo hacia el derecho del estómago. Bajó la mirada y observó cómo sus entrañas comenzaban a salirse del corte y con sus pequeñas manos intentó atajarlas sin poder hacer nada más que llorar y quejarse del dolor profundo que sentía.
Esa mezcla de alcohol, soledad y bronca había destruido una familia desde las raíces. La maldad que había caído sobre este pequeño era inimaginable. Los gritos de ambos atrajeron al tío, quien se enredó en una pelea con Juan Díaz para que Dionisio y su pequeña hermana se salvarán. La tomó y se resguardó en el galpón, intentando escapar desesperadamente. Vio que se iba en sangre, tembloroso y sintiendo mucho dolor, rompió una vieja sábana para fajarse el estómago.
Cuando apenas se acercaba la noche, decidió emprender camino hacia la comisaría que se encontraba a unos kilómetros de allí. Volviendo a la casa, con la esperanza de encontrar a alguien con vida, aunque los charcos de sangre le quitaron parte de la confianza. No encontró a su abuelo por ninguna parte, pero sí el cadáver inerte de su madre y su tío que en un gran charco de sangre agonizaba sus últimos minutos de vida.
Emprendió un viaje de 4 horas de caminata campo adentro llevando en brazos a su hermanita, bajo el sol fuerte, sintió como perdía poco a poco la fuerza de las piernas y como sus sentidos le jugaban una mala pasada. Llegando a un paraje cercano, decidió dejar a la pequeña bajo el cuidado de unos vecinos. Como pudo les contó lo que había ocurrido y decidió seguir su viaje hasta el puesto policial. Cuando llegó a él, vio a un joven agente que entre papeleos se sorprendió de ver a un niño tan malherido y con lo único que le quedaba de energía volvió a contar los trágicos hechos.
Lamentablemente, el médico no llegó a tiempo para salvar la vida a este pequeño héroe, terminando con su lamento. Los partes policiales de la época mencionan que luego de la llegada del chico y la trágica muerte, se estableció una búsqueda incansable para localizar a ese abuelo. Pero no fue hasta 3 meses después que lo encontraron, en circunstancias muy extrañas, muerto y sumergido en una zanja cercana.
De este hecho se hablan muchas leyendas, para explicar el porqué de esa furia incontrolable contra su propia familia. Muchos discrepan de la historia oficial, del relato de la policía, o de los testigos. Las dudas sobre el múltiple crimen, que poco se sostiene por presuntos testimonios, da hincapié a teorías como el que el expediente policial oficial desapareció por años y solo se logró recuperar una malgastada fotocopia. O que Dionisio y su hermana no fueran hijos de la familia Díaz. Ya que poseían rasgos únicos, rubios y de ojos celestes rotundamente distintos a los de sus parientes. Sosteniendo la hipótesis de que eran hijos de un acaudalado terrateniente, común en la época, en el que había tenido deslices con María y provocando el disgusto de Don Juan. Entre otros más, en las que relacionan a su abuelo con disputas políticas. Solo el relato y el tiempo, únicos testigos de esta desgracia, lo sabrán.
G.Zaballa

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