Ensayos - Sobre la sociedad tecno-industrial Pte.3

domingo, 28 de septiembre de 2025

Ensayos - Sobre la sociedad tecno-industrial Pte.3


 

Educa en la era tecno-industrial.


La educación se ha convertido en una herramienta para generar individuos adecuados al interés cultural de la sociedad moderna, acorde con los intereses de grupos de coerción. El sistema busca generar ciudadanos capaces, que puedan introducirse en la sociedad como individuos activos, laboralmente hablando, transformándolo en una herramienta que les permita dilatar sobre el mismo sistema que los conforma, replicando a las nuevas generaciones la misma idea, casi como si de un bucle se tratase.     El propio sistema, en el que participa la escuela como si fuera una empresa en un mundo mercantilizado, opera bajo una lógica de competencia. Intenta limitar o eliminar del todo los factores externos a este sistema y sus competencias dentro del mundo del aprendizaje. Esto incluye las nuevas tecnologías y, en algunos casos, la dificultad de los docentes para adecuarse a ellas.

A lo largo de los años, el sistema construyó una forma de imposición a las masas a través del poder, que se refleja principalmente en la educación. Michel Foucault menciona que “El poder no es una institución ni una estructura, ni cierta fuerza con la que están investidas determinadas personas; es el nombre dado a una compleja relación estratégica en una sociedad dada… El poder significa relaciones, una red más o menos organizada, jerarquizada, coordinada…”. Es decir, el sistema como tal (ya sea gobierno, familia, escuela, afecto, religiones, etc.) es funcional como herramienta de sometimiento, utilizando y transformándose de acuerdo con las necesidades para dominar cuerpos dóciles mediante la disciplina.     Este mecanismo explora, desarticula y recompone conforme a dichas adecuaciones sociales, generando individuos que Foucault menciona como cuerpos sometidos y ejercitados, “cuerpos dóciles”. Son dispositivos coercitivos que siguen actuando en la escuela, generalizando técnicas de manipulación que moldean al educando.     Estas son las que Foucault menciona como la “distribución de los individuos en el espacio”, que cumple con ciertas características de nuestra educación actual. Por ejemplo, la división en el salón de clases, un espacio cerrado y organizado. También la división por zonas, como el lugar específico asignado al estudiante, según el tradicional sistema vareliano, que evita la formación de grupos e impide la creación de espacios anatómicos funcionales para el estudiante.     Otros elementos incluyen el control del tiempo, la repetición continua de contenido y los periodos de silencio en las actividades curriculares. También se articula el cuerpo-objeto para que el estudiante sea más eficiente y rápido.     Como observador en diferentes ámbitos académicos, he notado que, en ocasiones, la disciplina dentro del aula encuadra al estudiante en un desarrollo igualitario con sus pares. Sin embargo, la igualdad, entendida como uniformidad, resulta insuficiente, ya que cada estudiante tiene condiciones de aprendizaje distintas. Esto deja fuera del sistema a aquellos que no cumplen con sus expectativas, como niños autistas, con síndrome de Down, entre otras dificultades de aprendizaje, incapacitándolos para un progreso adecuado.     Después de esta larga introducción, surge la pregunta: ¿cómo generamos una educación transformadora para nuestros estudiantes? ¿De verdad la educación no puede ser divertida?     En este punto, quisiera mencionar a Gregorio Luri, filósofo español, pedagogo y ensayista, quien afirma que la educación no debe ser dolorosa. Según él, el espacio educativo no debe ser un lugar de tedio y aburrimiento. Sin embargo, nada grande se obtiene sin esfuerzo. Lo fácil no exige nada; la calidad demanda atención y compromiso.     Como docente, me pregunto: ¿cómo evitamos replicar ese espacio tedioso? ¿Cómo logramos ser un docente que se adecúe a las necesidades del alumno? Concluyo siempre en la misma idea: el docente debe ser un individuo riguroso que motive al alumno a alcanzar su mejor versión. Esto solo es posible si el docente anima al educando a superarse constantemente. La escuela no debe ser un lugar de sufrimiento, pero tampoco únicamente de diversión; debe ser algo más.     A menudo, damos a nuestros alumnos el conocimiento de forma masticada, impidiendo que descubran y accedan por sí mismos a lo enriquecedor del saber. El educando no puede esperar pasivamente a que otro lo saque de su trivialidad; debe subjetivar la información, es decir, hacerla propia. La educación debe ser un espacio de crecimiento personal, no de adiestramiento. Debe preparar para la vida, no solo para un empleo, fundándose en un aprendizaje profundo, basado en el interés y la curiosidad, más allá de las fronteras de la razón y el saber.     Carlos Cullen señala que lo curricular debe estar estrechamente relacionado con el conocimiento, entendiendo el contenido educativo en relación con la vida cotidiana y las prácticas sociales. La escuela, como elemento socializador, cumple esta función enseñando cognición legítima en un clima democrático y pluralista, sin restricciones ni exclusiones. Es un espacio público del saber.     No obstante, Cullen también plantea que los saberes actuales están más cerca de una simulación virtual que de una construcción subjetiva. Las tecnologías están suplantando, en muchos aspectos, el sistema tradicional. Esto ocurre especialmente en campos como la informática, donde las empresas valoran más las habilidades autodidactas que un título universitario. Nos enfrentamos al desafío de demostrar la importancia del docente como mediador del conocimiento, dado que internet puede ser una herramienta peligrosa y desinformativa.     Foucault advierte que el poder y la dominación no se sostienen únicamente en ejércitos armados, sino también en la manipulación de la información. En la era de las fake news, el docente es fundamental para desarrollar en los estudiantes una capacidad crítica frente a estas amenazas.     Inés Dussel afirma que la tecnología debe ser un motor de cambio que permita al educador y al educando darle usos responsables. Por ello, es crucial generar nuevas pedagogías que fortalezcan la formación docente. Debemos usar la tecnología como una herramienta educativa, no como un elemento des-culturalizante.     Aunque los docentes enfrentan desafíos como la falta de recursos, interés de los alumnos o formación insuficiente en tecnología, esta debe convertirse en una oportunidad de aprendizaje, un elemento más de la educación. La escuela debe adaptarse al mundo en transformación, enseñando a los estudiantes a producir conocimiento y aprovechar las tecnologías para el bien común.




Bibliografía: 


  • Foucault, Michel, (2002)“Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión.1a, ed.”-Buenos Aires : Siglo XXI Editores, Argentina. 

  • D. Mombelli, (2020) “La escuela no es un parque de atracciones”, Revista Recensión. Barcelona, Ariel.

  • Cullen, Carlos A. Crítica de las razones de educar: temas de filosofía de la educación. Buenos Aires: Paidós, 1997.

  • Dussel, Inés (2012) “La formación docente y la cultura digital: métodos y saberes en una nueva época”. En: Birgin, Alejandra (comp.) Más allá de la capacitación. Debates acerca de la formación de los docentes en ejercicio. Paidós. Buenos Aires.

0 $type={blogger} :

Publicar un comentario