Relato I - El lobisón Una Leyenda Local

domingo, 1 de mayo de 2022

Relato I - El lobisón Una Leyenda Local


 


Imagen generada por IA (DALL-E 2)

    Por mis pagos existen diversos mitos y leyendas que endulzan el folklore regional. Pero uno, es de mi especial agrado y que me ha llamado más la atención. Desde niño en campaña escuché como este ser misterioso, casi dotado de poderes místicos, irreales, fruto del imaginario de la gente o no. Del boca a boca, de generación en generación, por muchos años, le ha dado fama a la historia que en este relato les voy a transcribir.
    Considerado por muchos como una historia sumamente real, se trata de una bestia, parte humana, parte lobo. Dicha leyenda se puede encontrar por varios nombres y aunque pudiera confundirse por el famoso hombre lobo británico-estadounidense o el de las películas que todos alguna vez en nuestras vidas apreciamos. Este posee una historia muy particular que nada o poco tiene que ver con el dichoso hombre lobo.
    Se trata de un hombre que tiene la capacidad de convertirse en una bestia con rasgos caninos y que según las leyendas o testimonios reales ha sido visto comúnmente en los cementerios, desenterrando y profanando tumbas. Devorando la carne de alguno recién difunto, con el fin de saciar su gran apetito.
    Según la creencia popular, los séptimos hijos varones nacen con la desgracia de transformarse los días viernes de luna llena en un animal casi infernal.
    Y nos remitimos a una localidad cercana a mi querida ciudad natal, en la cuchilla de haedo. Una voluptuosa cordillera de cuchillas que rompen con el paisaje natural de la región, muy fácil de encontrar, por cierto, por la ruta 30. Existe un relato macabro, que estremece a cualquiera que alguna vez lo oyera.
    A pesar de que el lobisón es una leyenda que se repite a lo largo y ancho de Uruguay, también podemos encontrar esta misma en Argentina y Brasil. Pero con variaciones muy singulares a la nuestra. Esta es muy especial, hace parte de nuestros mitos y leyendas locales.
    Hace muchos años en una zona donde solo había casas de paja y terrón. Un joven muy solitario y de pocas palabras. No solo porque así suele ser la gente que vive en campaña, además porque según la gente de esa localidad era el séptimo hijo varón de una familia muy conocida. Todos sabían que el séptimo hijo varón tenía algo más que particular. Pero se dejaba a la duda porque era solamente una leyenda.
    Un poco mayor que su joven novia, una muchacha nacida en el mismo pueblo. Y muy querida, cuando a los 25 años. Ella anunció que se iba a casar con su novio. La gente le advertía, que lo pensara mejor, ya que ese hombre con que pretendía casarse era muy raro, solitario, retraído. Advirtiendo de lo que podría pasar.
    Pero el amor no le permitía creer en viejos mitos de gente supersticiosa, ella no quería creer y le pesaba mucho más el sueño de una familia, de una casa, de una vida sencilla.
    El hogar en que se fueron a vivir era chico, muy cálido y acogedor. Los primeros tiempos de estar juntos era como ella se lo imaginaba y eso le permitió tratar de disimular algunas costumbres raras que notó en su marido en las primeras semanas de convivencia. Como la de pasar perdido muchos jueves mirando por la ventana, hacia el este, al vasto atardecer Riverense de la campaña.
    Ni que suponer de las noches de los viernes con luna llena, era toda una angustia, pasar sola, desesperada, sin encontrar a su esposo. Mientras él, inquieto, moviéndose de un lado al otro de la casa, inmutable a las preguntas de su esposa.
    Dicen los habitantes de la localidad, que ella pasó un buen tiempo antes de encontrar extraño que el hombre saliera muchos viernes tarde. Sin explicación alguna. Él, desesperado, llamado por la naturaleza, abrió la puerta y se iba sin rumbo alguno, desorientado. Lo cierto es que esto sucedía a cada tanto, una vez al mes o quizás dos. Pero el resto del tiempo el hombre actuaba con normalidad, tierno, trabajador, cariñoso con su esposa. Ella decidió no preguntar y hasta fingir estar dormida cuando él volvía en los primeros rayos de luz de la mañana.
    Pero no fue hasta cierta noche donde ya no aguanto más la curiosidad y decidió hacerse la dormida. Esperó que su esposo se marchara. Dándole su tiempo para que todo parezca normal. Y se fue a tras de él. Los animales del campo, como toda noche de luna llena, estaba alborotado, muy nerviosos. Dicen que la luna, en esa noche, era inmensa, asomando detrás de los árboles.
    Cuando pudo encontrarlo en medio del monte, ella observó lo más horrible que pudo haber visto en su vida, él se retorció como si algo le encendiera, quemándolo por dentro, revolcándose en los pastizales. Ella… A pesar de no creer en esas cosas, vio cómo se empezaba a transformar en un monstruo con largas garras afiladas y dientes muy puntiagudos. Y por, sobre todo, le empezó a crecer un fino pelaje en su rostro y brazos. Él ya no era humano, había dejado de ser aquel esposo cariñoso. El miedo la dominó por completo, con los ojos enormes al no considerar lo que estaba viendo. Despacio, sin hacer ruido, retrocedió, pero ese animal la escuchó y comenzó a correr detrás. Con los ojos llenos de rabia.
    Ella corrió como nunca, sabiendo que no llegaría viva a su casa, con la bestia pisándole los pasos. Sintiendo esa respiración y jadeo sobre su espalda. Así que, como pudo, se subió al árbol más cercano. Y sintió como aquel animal posaba sus patas sobre el tronco, desgarrando la corteza.
    Ella con mucho miedo, lo único que alcanzó a decirle es que no le hiciera daño, que era su esposa, la mujer con quien se había casado. Ese animal se incorporó y retrocedió un par de pasos, se quedó mirándola. Como extasiado, babeando, al parecer aún la reconocía. Pero al asustarse, se perdió en el espeso monte.
    Después de un buen tiempo, ella bajó lentamente como pudo y se fue corriendo a su casa. Intentó tranquilizarse de todo el choque emocional que había sufrido, se tiró en la cama hasta que el cansancio la dominó por completo.
    Al día siguiente sintió ruidos en la casa, se despertó, con miedo se fue asomando para ver lo que era. Hasta que vio preparando el mate, a su marido, todo estaba normal nuevamente, al parecer lo de la noche anterior. Solo había sido un simple sueño o quizás no.
    Ella intenta con mucho temor dialogar con él, decirle algunas cosas, a ver si reaccionaba pidiendo explicaciones por intentar matarla la noche anterior. Pero él no reaccionó, ni siquiera se acordaba de lo sucedido. Él sin entender lo que estaba diciendo su mujer, creyendo que había tenido un mal sueño.
    La muchacha ya no deseaba más vivir con él, porque de día era una persona dulce y de noche una bestia casi de otro mundo. No fue hasta que un pequeño hilo de seda en su boca le hizo recordar la mirada horrible del hombre bestia.
    Como toda leyenda tiene su cuota de verdad y de mito. Dicen que ella tomó sus cosas y nunca más volvió. No se supo más nada, ni de él. Pero muchos también dicen que, en los viernes de luna llena, en los montes de este paraje tan místico. Aún se escucha los gruñidos de un perro demasiado grande, aullando a la luna, solitario, perdido en los matorrales y bañados. Deseando ser aquel hombre que se desvaneció por culpa de esta maldita maldición.

G.Zaballa

2da. Edición. 

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